Ciencia y Política

Sobre la participación ciudadana

Más sociedad, menos gobierno, con educación cívica.

Dijo el profesor de Harvard, Henry David Thoreau, en 1849, cuando publicó su famoso libro: Desobediencia civil, que el mejor gobierno es aquel que tiene muy poco gobierno y muy grande la influencia de la sociedad civil. Este texto inspiró a Gandhi, Mandela y también a Martin Luther King, para llevar a cabo actos de presión ciudadana y justificar la tesis de Rousseau y del mismo Thoreau.

Por supuesto que todo lo anterior fue ejemplificado en la sociedad ideal con educación de calidad y civismo compenetrado en el concepto de patria; es decir, los intereses de la nación por encima de los intereses personales de grupo o de partidos políticos.

Con estas salvedades se entiende parcialmente la gran presión que algunos miembros del partido Acción Nacional y de la sociedad de empresarios de Monterrey están llevando a cabo para aprobar la ley de participación ciudadana, que entre sus múltiples postulados describe la posibilidad de influir en la revocación de mandato, en el plebiscito y en mayor actividad comunitaria de las decisiones del gobierno.

Todo esto suena muy bonito en la sociedad utópica, que describió Tomás Moore, pero en Monterrey y en México, todos sabemos que los partidos políticos y los grupos de presión empresariales y de la sociedad tienen más que sentido de patria, intereses fundamentalmente de poder y de recursos financieros. Es decir, nuestra democracia tiene muy poco acervo educativo de carácter cívico fundamental y ha perdido el viejo concepto del independiente Vicente Guerrero, en cuanto a que la Patria es primero.

Con estas consideraciones, ¡aguas!, quitarle el voto y la confianza popular totalmente al gobierno, nos veríamos envueltos en los cambios cotidianos de alcaldes, gobernadores, etcétera, de acuerdo a los intereses de grupos que no piensan más que en ellos mismos. 

luisetodd@yahoo.com