Ciencia y Política

El oro negro

El petróleo no lo inventó Dios,

sino el Diablo.

 

La manzana de la discordia internacional llamada petróleo ha demostrado su maligna influencia a través de la historia, pues los conflictos en el Medio Oriente, que son crónicos y violentos, se deben al petróleo y sus derivados. La intervención armada y comercial de los Estados Unidos en diferentes países del mundo se debe al petróleo y a la energía que produce, y el conflicto actual en Ucrania es porque ahí pasa el petróleo para la Unión Europea. Por lo anterior, nuestro diagnóstico inicial está documentado.

Los mexicanos también sufrimos por el petróleo que nos dio el Diablo, y el presidente Lázaro Cárdenas nos defendió expulsando a los fenicios ingleses y norteamericanos que explotaban nuestro subsuelo sin piedad. Desde entonces el petróleo y la Virgen de Guadalupe fueron figuras intocables en nuestro léxico político.

Sin embargo, la realidad histórica y la de la globalización se nos echó encima y el presidente Peña Nieto tuvo que enfrentarla, reconociendo que o abríamos nuestras reservas al mercado internacional o se iban a echar a perder con las nuevas fuentes de energía que vienen a gran velocidad. Por esa razón ya se aprobó la Reforma Constitucional y las leyes complementarias y ahora con crudeza tenemos que aceptar, que no fuimos suficientemente inteligentes para desarrollar ciencia y tecnología propia, ni tampoco cultura ecológica y que los derivados del carbono, como el petróleo y muchos otros, pronto nos van a hacer más daño que beneficio.

Es entonces un momento histórico que requiere una enorme dosis de creatividad y de respeto a nuestra soberanía nacional, por lo que debemos usar como paliativo de esta tragedia, la obligación de las empresas extranjeras que saquean nuestro petróleo, de reinvertir la mitad de sus ganancias en nuestro país, para generar empleo y programas sociales que atenúen la pobreza, recordando que según The Economist: la globalización y el tratado de libre comercio benefició al 5% de la población mexicana, es decir a los mismos de siempre, los ricos de solemnidad.  

 

luisetodd@yahoo.com