Ciencia y Política

Hacia una legislación de redes sociales

Hay que terminar con la calumnia y la difamación.

 

Gates, Jobs y Zuckerberg nos invitaron a un maravilloso universo, extraordinario para la educación y la comunicación y los seres humanos, como de costumbre, lo hemos pervertido y desaprovechado.

Vasta ingresar a las redes sociales para percibir la calumnia, que significa señalar un hecho falso, generando una responsabilidad a terceros o la difamación, que es desvirtuar o deteriorar una imagen de una persona con una mentira o con un supuesto fallido. Ambas están inscritas en nuestras leyes como delitos y reciben condenas de seis años en algunos casos. Sin embargo:

Las maravillosas redes sociales están llenas de anonimato, que no tienen juicio moral alguno y de calumnias y difamaciones, que al no tener responsabilidad objetiva, se evaporan en el éter de las comunicaciones y dañan a muchos seres inocentes y son factores que maleducan a nuestros hijos, pues los hacen ingresar a un mundo donde lo que vale es la mentira reiterada, que a lo largo del tiempo se considera una verdad (Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler).

En otros países, hay leyes que impiden que el mal impere sobre el bien y algunos como Arabia Saudita o Finlandia, cualquiera que agreda a una persona va a la cárcel, en otros países como Francia, los nórdicos o Estados Unidos se acepta la broma y el fino humorismo, pero la calumnia y la difamación da lugar a demandas económicas fabulosas, y los niños y jóvenes saben que eso está mal.

Todo lo anterior lo reitero, porque en la época actual de las elecciones, algunos han convertido la belleza de la comunicación en el estercolero de sus pasiones inmundas y los descuentos, epítetos, insultos anónimos, se utilizan en forma bronca, o sea vulgar y grosera y agreden a personajes como el arquitecto Benavides que en 50 años ha demostrado autenticidad y proyección social. Por eso, como diría uno de los viejos de mi época romántica: “Si no hay leyes para castigar, yo mejor me voy a vivir a Mérida”, en donde “¡bomba!” mi corazón todavía puede dormir con las puertas abiertas de la razón.

luisetodd@yahoo.com