Ciencia y Política

ISO 9000 y sector público

Eficiencia o gasto inútil

En mi longeva experiencia en la administración pública apareció un invitado: el ISO 9000, derivado de un sistema de normalización internacional empresarial con sede en Ginebra, Suiza, y es dependiente de la ONU. Ese organismo está dirigido a organizaciones productivas y posteriormente ingresó al sector público, lo que me produce cierta intranquilidad porque las dependencias gubernamentales están sujetas a las leyes de administración pública, que son evaluadas, revisadas y actualizadas por diversos organismos, entre los que menciono los siguientes:

Auditoría Interna, Auditoría Externa y Contraloría, que auditan y dan recomendaciones para el cumplimiento de las normas y Contaduría Mayor de Hacienda del Congreso, y en caso de tener presupuestos federales, la Contaduría Mayor de la Federación. Todas estas instancias burocráticas se preocupan por las finanzas, la organización, la operación, la eficiencia y la calidad de los servicios y dan las recomendaciones pertinentes.

Ese gran abanico lleva en sí una carga burocrática y un uso del tiempo, que en algunos casos es mayor al 50% del trabajo que hace todo el personal. No contento con eso, ahora el invitado indiscreto está infiltrándose y cobrando pingües beneficios a las dependencias para que presuman que tienen el ISO 9000 y reciban así los aplausos correspondientes.

Lo anterior me hizo recordar mi experiencia cuando fui director de CECYTE, en que alguien del área administrativa me convenció de que nos hicieran esa evaluación para obtener la certificación ISO 9000, no obstante que yo sabía que en las escuelas rurales no había una administración como lo exige la organización internacional, y al terminar, se expidió el cheque y recibimos la medalla, misma que no nos merecíamos.

Me he enterado de que actualmente la universidad está sujeta a ese procedimiento, a pesar de que sus objetivos son la formación profesional, la investigación, la extensión cultural y la proyección social, mismas que no pueden ser medidas por estándares internacionales del sector productivo. Pero el colmo es que el Conarte, cuyo objetivo es crear y promover la cultura, misma que se basa en la libertad de los artistas, también está sujeto a esas normas que están alejadas de la función social del sector público.

Dios nos agarre confesados, si queremos convertir al gobierno en un sector industrial y productivo de bienes no sociales.

luisetodd@yahoo.com