Ciencia y Política

La filosofía de la Navidad

Existe un centro de Dios.

Aunque el niño Dios no nació el 24 de diciembre, según los historiadores, se seleccionó esa fecha para hacer una reflexión sobre el dios, que según Platón los seres humanos necesitamos y que de acuerdo a estudios de la Universidad Johns Hopkins, existe en la parte basal del cerebro y eso justifica que en la evolución filogenética, los seres primitivos adoraban al Sol, a la Luna y a las estrellas y nosotros adoramos a un dios y escogemos esta fecha para festejarlo.

Desgraciadamente la transculturización y la famosa deidad del mercado, han hecho de estas épocas una voraz selva de los fenicios, para aprovechando los mitos que se siembran en la mente de los niños, llevar a su máximo el espíritu cruel del capitalismo, desvirtuando así el valor fundamental de la espiritualidad, que desborda el materialismo y permite que los seres humanos tengan una capacidad de trascender y de amar y de dar, al margen de la competencia comercial.

El que escribe, teniendo una educación religiosa, cree que es importante aprovechar estas fechas para hacer lo que es básico en la filosofía budista, que también tiene su dios; me refiero a la meditación y reflexión, que como me dijo una vez el Dalai Lama, conduce a la convicción de que para ser feliz, hay que tener compasión, tolerancia y saber usar el arte del perdón. En esa forma se acerca uno a la musa esquiva de la espiritualidad hecha costumbre y de la tranquilidad hecha bálsamo del alma.

Concluimos entonces que hay que comprar menos y pensar más y meditar profundamente y dar, amando aun a los enemigos, que son transitorios, para así extraer de este aniversario cronológico, algo que alivie nuestra búsqueda insaciable de paz, del yo y del nosotros, “amando al prójimo como a nosotros mismos”…

luisetodd@yahoo.com