Ciencia y Política

Hay que evitar la soberbia en la función pública

No combinar la simpatía personal con los resultados”.

 

En el desempeño de la función pública frecuentemente se combinan la emoción con la razón y las simpatías personales con la eficiencia; esto se aprecia principalmente en los jóvenes, porque los viejos ya hemos aprendido, con el tiempo, que esta enfermedad o pecado dificulta la toma de decisiones, porque combina la simpatía o la ambición personal con la necesidad de producir resultados, que son los verdaderamente importantes.

En la actualidad he observado, en algunas áreas, a jóvenes brillantes que ocupan posiciones de poder y las contaminan con la práctica de la obediencia, a veces irracional, olvidando que en la política hay que practicar el proceso hegeliano de la discusión y de escuchar las opiniones de sus colaboradores, no sólo tomar decisiones arbitrales, sin darse cuenta que la verdad se encuentra en las diferencias y que un pequeño funcionario, que puede equivocarse, si quiere que todos le obedezcan, debe tener siempre presente que su posición es transitoria y que es mejor tener la amistad de los colaboradores que su sumisión.

Estoy viendo esta práctica en algunas personas y me preocupa, porque se puede convertir en una forma de ser y de hacer que estorbe los objetivos primordiales del Gobierno, que es el del servicio alejado de las vanidades. Cualquier semejanza con alguien del Gobierno es mera coincidencia.