Ciencia y Política

Epidemia de locura política

“El virus le pegó al presidente de Corea del Norte.”


El que esto escribe ya tiene muchos años en este planeta, observando y participando en la vida pública y además, gracias a mi país, tuve la oportunidad de ser embajador en la Unesco, conocer múltiples culturas y aprender a entender el multilateralismo de las Naciones Unidas.

Viví en los Estados Unidos durante el posgrado universitario, y en la Ciudad de México como funcionario y  participando activamente en la política, hasta en la electoral, y por supuesto, gracias a mi universidad tengo un criterio analítico dialéctico que me permite opinar, aunque a veces en el error.

No entiendo lo que está sucediendo en el mundo, donde la democracia, el parlamentarismo y el concepto de los derechos humanos parecían haber resuelto la comunicación interhumana y evitado una Tercera Guerra Mundial.

Ahora resulta que el país más poderoso y más demócrata del mundo tiene como presidente a un hombre que ha sido calificado por psiquiatras y especialistas como alguien con problemas de personalidad, y en otros países están sucediendo cosas extrañas, donde la gente, en los procesos electorales, vota por algo nuevo, sin saber si será peor que lo actual.

Fue una verdadera tragedia que en un país tan importante como EU se eligiera a un personaje inestable, y lo mismo sucedió en Venezuela, y tal parece que la única buena noticia en los últimos tiempos es el triunfo del joven Macron, en Francia, quien no parece tener la enfermedad que muy pronto nos va a invadir a nosotros,  si no nos ponemos listos para producir una vacuna.

Antier apareció un síntoma de locura muy serio, cuando el presidente de Corea del Norte probó sus instrumentos de destrucción atómica y se burló, señalando que era un regalo por el Día de la Independencia americana y que tiene fuerza atómica capaz de destruir ciudades del este de EU.

Todo eso me lleva al diagnóstico de epidemia esquizofrénica, misma que estamos padeciendo en la política y me preocupa mucho por mis hijos y mis nietos, que espero no vayan a vivir una guerra atómica.

Aquí es donde se requiere liderazgo conciliador, sobre todo entre China, Rusia y EU, y una visión universal como vacuna, recordando que afortunadamente las últimas guerras no han destruido a la humanidad y que, querámoslo o no, vivimos en el mismo planeta y tenemos que aprender a hablar un idioma espiritual común.

luisetodd@yahoo.com