Ciencia y Política

La dicotomía del candidato del PRI

Meade: pasividad o revolución.

Yo, igual que los mexicanos conscientes, no estoy tranquilo con los resultados y el progreso de nuestro país, que merece mucho más y que actualmente está en crisis por el aumento de la pobreza, dependencia hacia el extranjero y pérdida de la confianza en las instituciones y los liderazgos de la sociedad.

Por todo lo anterior, la precandidatura de Meade, a pesar de su afable sonrisa y de su honestidad probada, así como el no haber pertenecido a partido político alguno; no me da la seguridad de que dentro de ese ser humano exista la fortaleza y el compromiso, así como la experiencia política, el trato cotidiano, con toda la gama cortesana que alimenta el quehacer del poder.

Para mí el hecho de que no se haya comprometido con algún partido no es una virtud, porque como decía García Márquez, donde no hay pasión y compromiso, hay chapuza, y la pureza y perfección del ser humano es algo inalcanzable, pues como lo describió Balzac en La Comedia Humana, los hombres tenemos virtudes, defectos, pasiones y equívocos; el hombre perfecto no existe y hay que desconfiar de aquellos que se consideran buenos y piensan que todos los demás son malos.

Yo prefiero, como dice la Biblia, un hijo arrepentido que uno entregado a la pasividad y a la aceptación de todo y de todos. Éste parece ser el caso de este hombre bueno que ha aceptado todas las irregularidades y el desastre económico, político, social y de seguridad pública que nacieron con Fox, se acentuaron con Calderón y siguen con Peña Nieto.

Todo esto me recuerda cuando le dije a Claudio Lostaunau, el mejor entrenador  de los Tigres, ¿por qué no metes a jugar a buenos muchachos? Él me contestó: para ganar en futbol los santos a la iglesia,  quiero hijos de la… con pasión y que metan goles.

DESCARTES: Pienso, luego existo… Los buenos y santos a la iglesia. Los auténticos, intensos y arrepentidos, a la política.