Ciencia y Política

Otra vez la anticorrupción

El pasado fin de semana, el Congreso del Estado aprobó un programa anticorrupción similar al que está siendo discutido en el Congreso de la Unión. En ese proyecto desaparece el zar actual, pero el procurador, que es buen amigo del gobernador, sí puede volver a ser candidato a procurador general y zar anticorrupción. ¡Qué galimatías!

Ahora resulta que se vuelven a cometer los mismos errores, porque la corrupción se combate con leyes, normas y reglamentos, y no con educación, valores, autoestima y procedimientos que corrijan el problema moral que está inmerso en la administración pública, que es motivo de tentación para celebrar contratos con ventajas y obtener beneficios personales a futuro.

Ya he comentado que cuando le pregunté al embajador de Finlandia, país que tiene el primer lugar en anticorrupción, cómo le habían hecho ellos para resolverla, me contestó que no había sido con leyes, porque el ser humano es muy listo para evadir las legislaciones, señalándome que era con educación, autoestima y cursos complementarios para sentir orgullo de ser funcionario público. Y que ésa había sido para ellos la fórmula perfecta, pero en otras partes del mundo como Singapur, la solución fue la decapitación, el homicidio legal y todo lo que un dictador puede realizar en su trayecto gubernamental.

Al final, después de valorar eso y de acuerdo con mi amigo Juan Pablo Guerrero, quien fue durante años secretario general del Instituto de Transparencia, cuando le pregunté si habíamos mejorado, me dijo que no, que simplemente nos habíamos hecho más listos. Por eso le apuesto a la fórmula finlandesa, porque la otra, la de Singapur, tiene que ver con la pérdida absoluta de los derechos humanos y con una lucha de todos contra todos para cortar cabezas y aniquilar futuras esperanzas de supervivencia a aquellos de quienes se sospecha cometieron un acto de corrupción.

Analizando nuestro folclor local, veo que todos están acusando a todos de todo y que nadie está probando nada de nada. Y entonces las leyes sólo van a servir para enriquecer a los abogados, por lo que terminaremos como ahora, con muchas acusaciones, presuntos culpables y pocos responsables.

Sugiero de nuevo que se piense en el tema de cursos introductorios de autoestima y de aprecio por saberse funcionario público y que por supuesto exista un comité de vigilancia, pero que no se convierta, según las leyes aprobadas por los diputados, en un drama de lucha libre.

luisetodd@yahoo.com