Ciencia y Política

José Mario Gutiérrez QEPD

Gran médico y excelso maestro


Recuerdo a mi maestro al lado de una cama describiendo los síntomas y el diagnóstico de un enfermo; nosotros, estudiantes e internos, escuchábamos con atención las solemnes enseñanzas del gran maestro clínico y cirujano que, con elocuencia, bonhomía y humildad, nos mostraba: que los médicos curamos a veces, aliviamos otras y siempre debemos consolar.

Su paso por la Facultad de Medicina dejó impresa una bellísima personalidad humana, pues yo nunca recuerdo una palabra altisonante, un resentimiento, una culpabilidad prestada por algún error de otros o un reclamo injustificado, pues siempre el gran maestro era prudente y cuidadoso en no hacerle daño a los demás, esto lo llevó hasta el día de su muerte, pues se despidió sin molestar en la época de las vacaciones de Navidad, lo que impidió hacer los homenajes y reconocimientos correspondientes.

Fue además director de la Facultad de Medicina y su honestidad acrisolada es todavía un ejemplo para las generaciones actuales, pues el maestro ponía en el pedestal al enfermo y en un rincón aparte la recuperación económica, a diferencia de muchos de los médicos actuales que están impregnados del liberalismo económico y lo practican con singular descaro.

Valga este pequeño escrito para no olvidar al gran universitario que aun en silla de ruedas y con la curvatura de su cuello axial, los ojos entrecerrados pero la lucidez despierta, nos acompañaba en todas las ceremonias que tenían que ver con quien fue su gran amor: la Universidad Autónoma de Nuevo León, a la que se entregó como médico, cirujano, administrador, historiador de la medicina y afectuoso y siempre benevolente con los demás, demostrando su gran capacidad de perdonar y olvidar a aquellos que alguna vez en su ceguera lo agredieron. Fue un auténtico intelectual con enorme inteligencia emocional.

Recordemos con cariño a este hombre que venció su propio destino, o sea el actual mundo muy comunicado en el exterior, pero sin intimidad humanista y sin juicio moral con ciencia y desarrollo tecnológico acelerado pero sin marco ético de comportamiento. Para luchar contra este destino, valga el recuerdo de José Mario Gutiérrez, que estoy seguro está en el mundo de la inmortalidad.


luisetodd@yahoo.com