Ciencia y Política

Evaluación educativa: ¿para qué?

No hay malos estudiantes, hay malos sistemas; un buen sistema le debe encontrar a cada quien para qué es útil.

El término de evaluación educativa está de moda y con base en ello se han creado, desde la época de Vicente Fox, institutos de evaluación educativa y ahora se aprobó constitucionalmente otra estructura para evaluar a maestros y alumnos; así reiterar lo que ya sabemos, en el ámbito de los países de la OCDE, que estamos en último lugar y que el porcentaje de nuestros alumnos evaluados en matemáticas y ciencias, en el nivel de excelencia, es sólo del 1%; contra 35% de los países nórdicos y 65% de Singapur.

Todas estas tristes figuras son muy fáciles de predecir y no requieren manipulación estadística, que es para lo que sirven las evaluaciones masificadas, pues es sencillo relacionar pobreza y marginación con ignorancia y reconocer que en nuestro país hay muchos México y que como son universos distintos, desde el punto de vista social, no es posible compararlos. Menos con alumnos a nivel internacional, de países que tienen poblaciones homogéneas.

Para mí, todas las evaluaciones, incluyendo la de los maestros, son totalmente predecibles y no podemos exigirles que sepan mucho, cuando les hemos enseñado muy poco en algunas zonas de desastre como son la mayoría de las normales.

Por lo anterior yo regreso a mi permanente y tozuda idea: me refiero a que no hay malos alumnos, sino malos sistemas; pues un buen sistema debe encontrarle a cada quien para qué es útil y esta aseveración nos lleva a la conclusión de que hay que evaluar, no por lo que el sistema quiera y a todos igual, sino por lo que los jóvenes y alumnos puedan, según sus aptitudes, ser y compararlos con ellos mismos en sus avances individuales.

Todo esto me hace concluir con el título de este artículo: Evaluar ¿para qué? Pues parece que como dijo Chesterton, nuestros “expertos educativos” están buscando en un cuarto oscuro un sombrero que no existe.

luisetodd@yahoo.com