Ciencia y Política

Doña Márgara y el museo Marco

Doña Márgara, Diego Sada
y Jorge Treviño.

 

Antier doña Margarita inició su paso al mar de la inmortalidad. Su partida me trajo algunos recuerdos que hablan de la generosa personalidad, de ese icono de la cultura de Monterrey.

Siendo el suscrito secretario de Educación, recibí indicaciones del gobernador Jorge Treviño de atender una afable sugerencia de doña Márgara y Diego Sada, para dialogar con ellos y ver la posibilidad de crear un museo de arte contemporáneo en la ciudad.

Después de algunas juntas con estos personajes y en un rasgo de audacia, les señalé a los empresarios que si ellos ponían 5 millones de dólares, el Gobierno pondría una cantidad similar, dado que la planeación previa de Diego Sada señalaba esa cantidad. Ellos, ni tardos ni perezosos, aceptaron la propuesta.

Previamente yo le había comentado al gobernador que ellos ya habían aceptado, con lo que el gobierno tuvo que comprometerse y aportar la cantidad correspondiente. Así se inició la construcción de lo que ahora es uno de los más grandes y bellos museos de arte contemporáneo de América Latina, el Marco. Este proyecto lo diseñó el gran arquitecto Legorreta.

Para obtener el terreno se requirió la ayuda del mejor tesorero que ha tenido Nuevo León en la época contemporánea. Me refiero a don Víctor Gómez, quien muy inteligentemente me pidió que le hiciera una oferta a Vitro para intercambiar unos terrenos que ellos tenían, con otros que el gobierno tenía en Valle Oriente. Así se consiguió el terreno en el centro de la ciudad, en donde actualmente, bajo la sombra de la escultura de nuestro amigo Soriano, se yergue majestuoso.

Valga este recuerdo para mostrar las enormes cualidades de doña Márgara, para apoyar con generosidad obras artísticas y sociales y agregar que fue una gran promotora, no sólo de la cultura, sino también de su familia, porque cada uno de sus hijos ha tenido importante presencia y trascendencia social en la entidad. A mí me une especial cariño por Mauricio, un personaje indivisible y único, con el que tengo un afecto especial compartido.

Se nos fue doña Márgara, pero no dejó de existir; porque en nuestra memoria la recordaremos siempre Elvira y yo.

 

luisetodd@yahoo.com