Ciencia y Política

Capilla Alfonsina: 35 años

Una historia personal


En las entrañas de Monterrey, en el restaurante El Árabe estábamos reunidos el maestro Raúl Rangel Frías, Jorge Pedraza, Zavala, Elvira Todd y el suscrito; ahí el maestro Rangel me espetó una frase: "Señor rector, hay que traernos los libros de don Alfonso Reyes a Monterrey".

Con ese reto utilicé una mentira piadosa**, y en mi entrevista con el presidente Echeverría le dije que "en sus libros, Alfonso Reyes dijo que él quería que sus restos literarios pernoctaran en Monterrey". La verdad era que él señalaba sus restos corpóreos, pero él aceptó de inmediato e inició los trámites con Alicia Reyes para que nos cediera la biblioteca Alfonsina.

Posteriormente, la misma petición se le hizo al presidente López Portillo, quien me contestó que "los intelectuales de México estarían muy enojados si trasladábamos los libros de Reyes", a lo que ellos llamaban la selva cultural del norte. Yo le repliqué con prudencia, en forma pública que "los intelectuales debían recordar que México no era una ciudad, sino un país".

Como el camino estaba lleno de aristas y con la iniciativa de Alberto Santos y de los universitarios, en los cuales participaba el actual rector, el maestro Rogelio Garza y su mentor Jorge Urencio, logré reunir firmas de todos los sectores. Este documento plural se le presentó al presidente López Portillo en una visita a Monterrey, y así tuvo que autorizar la gestión. También tuve que regalarle un libro original de Napoleón Bonaparte a Enrique Bracamontes, secretario de Obras Públicas, quien autorizó 40 millones de pesos y el gobernador completó la obra.

El proyectó hecho por universitarios se terminó en mayo de 1979 y los libros llegaron después, en el momento en que yo dejaba la rectoría e ingresaba el doctor Piñeyro, quien organizó la biblioteca y luego en una visita de López Portillo, el 13 de noviembre de 1980, se inaugurara oficialmente.

Esta historia, que muchos no conocen, dio lugar a una biblioteca que cuenta con más de 250,000 volúmenes y que es bien dirigida por una gran poetisa, Minerva Margarita, que culmina las directrices que sentó Porfirio Tamez y Jorge Pedraza, y en cuya escalera principal está un busto de Alfonso Reyes que me regaló el señor Presidente del autor Tamariz y que vigila con su solemne belleza el arte literario ahí presente.


luisetodd@yahoo.com