Ciencia y Política

CRISPR

Haciendo seres humanos a la carta


Conversando con el maestro Rodrigo Soto, nos imaginamos poder erradicar deformaciones, futuros padecimientos y enfermedades de los seres humanos antes de su nacimiento, incluso potenciar ciertas características físicas o mentales de los embriones antes de que abandonen el útero materno.

Esa pareciera ser la promesa a futuro del CRISPR (en inglés: Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats), cuyo objetivo es servir como una especie de editor del genoma humano, eliminando ciertos genes o introduciendo otros para potenciar ciertas mutaciones en beneficio de la especie.

Su funcionamiento, desde una perspectiva simplista es: primero, construir un ARN (ácido ribonucleico) que tiene la capacidad de reconocer cierta parte del ADN (ácido desoxirribonucleico) que queremos editar, luego el ARN se une a ciertas proteínas y guía el trabajo de estas tijeras moleculares y posteriormente, esas tijeras buscan la secuencia determinada y la cortan, para silenciar, reparar o modificar cierto gen específico.

Las aplicaciones de esta edición genética son muy variadas, ya que pueden utilizarse para modificar el genoma de los mosquitos y evitar que se propague el virus del zika o similares; en la industria alimentaria, para producir comida para los más necesitados, haciendo cultivos más resistentes a las sequías y con mayor valor nutricional, pero principalmente, como lo mencioné, para la edición de embriones, eliminando sus enfermedades y padecimientos y también en la terapia génica para corregir genes defectuosos y trazar una estrategia clara contra el cáncer y la obesidad.

Todo esto pareciera un cuento de hadas, pero lleva consigo una pregunta ética necesaria: ¿jugaremos a ser Dios?, refiriéndonos a interferir directamente en la evolución natural de nuestra especie.

Este prometedor avance científico de edición de genes, tanto en adultos como en embriones, para detener y erradicar enfermedades como el cáncer, lleva como contraparte aquella de solamente permitir el progreso de aquellos seres diseñados por otros seres humanos, sugiriendo que son perfectos y no dejar espacio al libre albedrío del juego evolutivo de mutaciones de Darwin, que es el camino natural que hemos seguido como especie.


luisetodd@yahoo.com