Articulista invitado

Conviene a republicanos, a Hillary y a México que Trump sea candidato

Asumiendo que la ex secretaria de Estado fuera la abanderada demócrata,el mejor escenario para que se convirtiera en la presidenta de Estados Unidos pasa por la posibilidad de que el magnate contienda como independiente

La preocupación por la inminente candidatura a la presidencia de Donald Trump por el Partido Republicano se ha incrementado recientemente entre diversas voces a través de los medios de comunicación de Estados Unidos y México, donde, por cierto, algunos opinadores han llegado a sugerir que el gobierno mexicano debe atajar las declaraciones de Trump, lo cual sería un grave error estratégico, puesto que, al que más conviene que Trump sea el candidato republicano es a México.

Las victorias contundentes de Donald Trump en tres de las primeras cuatro elecciones primarias y caucus republicanos han fortalecido su momentum y lo colocan en un rumbo claro para convertirse en el candidato del Partido Republicano, aunque no sea el favorito de la élite (establishment). Trump ha ganado, en buena medida, porque dos de cada tres votos de sus rivales se han fragmentado al no existir un claro segundo lugar (Ted Cruz y Marco Rubio siguen compitiendo por convertirse en el rival de Trump, generando lo que se conoce como un "equilibrio no Duvergeriano"). El calendario de las elecciones primarias en Estados Unidos fortalece a quien haya obtenido triunfos en las cuatro primeras elecciones, posicionándolo como el favorito rumbo alSupermartes del 1 de marzo, en el que habrá elecciones en 13 estados de la Unión Americana.

Al parecer, los intentos por detener a Trump son cada vez menos viables o se han agotado:

Reencauzar los recursos de los grandes contribuyentes: Jeb Bush fue quien más dinero recaudó previo al inicio de las elecciones primarias y no obtuvo en ninguna de las cuatro elecciones de febrero más de 10 por ciento del voto. Aunque los millonarios Koch (que tradicionalmente financian a los republicanos), apoyaran a Rubio o a Cruz, no está garantizado que más dinero incremente la capacidad de los candidatos o movilice a las bases partidistas republicanas.

Modificar la narrativa de los medios de comunicación, desde el primer debate de los republicanos en agosto de 2015, los conductores de Fox News preguntaron preocupados a Donald Trump si sería candidato independiente, quien respondió firmando un compromiso a principios de septiembre en el que manifestó que no sería candidato independiente en caso de que perdiera la elección interna de los republicanos. Dado que el compromiso firmado por Trump no es vinculante, desde el inicio de las campañas los medios de comunicación han centrado el debate en la disyuntiva Trump-no Trump. Las historias y las noticias en los medios estadunidenses siguen de cerca las declaraciones de Trump, magnificándose en México, por cierto, sin que proporcionalmente reciba cuestionamientos a su viabilidad.

Sumar al Presidente al debate: si bien la popularidad del presidente Barack Obama no se encuentra en su mejor momento (la aprobación ha sido menor que la desaprobación casi todas las semanas de su segundo mandato), una respuesta de la Casa Blanca a Trump lo elevaría a un nivel que aún no tiene (de la misma forma que lo haría una respuesta de cualquier autoridad mexicana), además de aislar a la candidata demócrata, Hillary Clinton. En el pasado, Obama respondió y ridiculizó a Trump al minimizar el argumento de que el presidente había nacido en Kenia. Hoy Donald Trump cuenta con el apoyo de al menos dos quintas partes del electorado republicano en diversos estados y se enfila a ser el contendiente del Partido Republicano a la presidencia.

Sin resignación de por medio, es momento de analizar las implicaciones de que Donald Trump sea el candidato republicano a la presidencia. De acuerdo con un análisis estratégico de teoría de juegos, en el que en un juego secuencial se asume que Hillary Clinton será la candidata de los demócratas a la presidencia, la candidatura a la presidencia de Donald Trump por el Partido Republicano le conviene más que ir como independiente al propio Trump, le conviene al Partido Republicano, le conviene a Hillary Clinton y, por tanto, le conviene a México.

Asumiendo que Hillary Clinton fuera la candidata del Partido Demócrata a la presidencia, el mejor escenario para que se convirtiera en la presidenta de Estados Unidos pasa por la posibilidad de que Donald Trump sea candidato independiente, dividiendo así el voto de los republicanos, como Ross Perot lo hizo en 1992, permitiendo que Bill Clinton fuera electo presidente con 38 por ciento de la votación. Por la misma razón, el escenario de la candidatura independiente no es el mejor ni para Trump ni para el Partido Republicano. La disyuntiva para el establishment del Partido Republicano es si debe apoyar a Trump como su candidato o si debe incluso ocasionar una división en la que garantice que la candidatura del Partido Republicano caiga en Marco Rubio o Ted Cruz, esperando que Trump mantenga su compromiso de no ir como independiente, pensando no solo en ganar la presidencia, sino mantener la mayoría en ambas cámaras del Congreso. El juego secuencial de la figura 1 muestra que el orden de las preferencias de Clinton, Trump y los republicanos tienen por equilibrio la candidatura de Donald Trump por el Partido Republicano.

Donald Trump ha asustado a más de uno al obtener votos de diversos segmentos del electorado que, sin embargo, han sido atraídos a la campaña gracias al carácter de celebridad del propio Trump, siendo ciudadanos que tradicionalmente no están interesados en la campaña y usualmente no votan (las tasas de participación en las primaras y caucus de los republicanos han sido mayores en 2016). No obstante, las mediciones de los aspectos negativos de Donald Trump son tan numerosos como diverso es su mensaje, especialmente entre los dos tercios del electorado republicano que no ha votado por Trump en las primarias. Trump ha motivado a que más gente vote en las internas del Partido Republicano, lo que no garantiza que voten en la elección presidencial, especialmente aquellos militantes y simpatizantes conservadores que piensan que un personaje ajeno a la política puede dañar la imagen del Partido Republicano en los próximos años, y para quienes piensan que Donald Trump no es Ronald Reagan.

En contraste, la aprobación de Hillary Clinton, especialmente entre demócratas, se ha mantenido alta y estable desde hace varios años, mostrando su momento más alto durante su labor al frente del Departamento de Estado durante el primer periodo de la presidencia de Barack Obama. En contraste con Trump, los negativos de Hillary Clinton se enfocan claramente en tres aspectos: ser mujer, ser Clinton y haber sido secretaria de Estado (especialmente los correos electrónicos revelados recientemente y su respuesta al ataque al consulado estadunidense en Benghazi), aspectos que han sido desahogados desde la campaña de reelección del presidente Obama y durante la campaña interna con Bernie Sanders.

Si consideramos que las probabilidades de triunfo en la elección presidencial se presentan más altas para Hillary Clinton cuando Donald Trump es el candidato del Partido Republicano, entonces también es el mejor escenario para México, puesto que por lo visto en el comportamiento de los electores en las elecciones primarias de Estados Unidos, Donald Trump tiene aún un largo camino y cuenta con una baja probabilidad de ser presidente.