Articulista invitado

Reforma energética: cosas malas que parecen peores

El debate debe centrarse en la seguridad energética, no en incrementar la extracción de hidrocarburos para seguir importando gasolina. Es un sinsentido querer aprobar la iniciativa este año sin informar de cara a la gente los factores que están en juego.

A escasos días de concluir el primer periodo ordinario de sesiones del segundo año de la 62 Legislatura, están pendientes la nueva Ley para la Explotación Minera, la formación de gobiernos de coalición, definir  la reelección de los legisladores, la revisión de fueros parlamentarios, la legislación secundaria de la reforma en telecomunicaciones, la competencia económica y la elección de los consejeros del Instituto Federal Electoral.

Además la trascendental reforma energética, que legisladores de PRI, PAN y el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, urgen a aprobar antes de 2014, pues alegan que está en riesgo la seguridad energética del país. Sin embargo, parece que olvidan que restan ocho sesiones del periodo ordinario.

En el PRD nos preocupa la seguridad energética nacional, pero no estamos de acuerdo con que se apruebe la reforma en este periodo, pues falta realizar una amplia discusión sobre las propuestas de los partidos de cara a la gente; a pesar de que la reforma cuenta con diversos e importantes diagnósticos, aún no está claro el rumbo que requiere el sector energético en México.

En el Pacto por México se acordó mantener los hidrocarburos bajo el control del Estado y como propiedad de la Nación. En una reciente publicación del periódico The Wall Street Journal se revelaron negociaciones del PRI y del PAN sobre tres tipos de contratos que permitirían a las petroleras controlar los hidrocarburos mexicanos tras pagar regalías e impuestos, ganancias compartidas, de producción compartida y un tercer tipo para aguas ultraprofundas y shale gas. Esto contraviene totalmente lo firmado en el Pacto.

Aunque esto haya sido desmentido públicamente, no se descarta que reuniones de este tipo se estén llevando a cabo. Sobre ello, quiero hacer dos observaciones: no se encuentran en el Pacto los acuerdos bilaterales ni dar la propiedad de los hidrocarburos a terceros, por ello el PRD no acompañará ninguna decisión tomada en estos sentidos, y menos procesada, como se dice coloquialmente, en “lo oscurito”.

También se acordó en el Pacto ampliar la capacidad de ejecución de la industria de la exploración y producción de hidrocarburos. Sin embargo, NUNCA se mencionó eliminar el carácter estratégico de estas actividades para la Nación ni la exclusividad del Estado en éstas,  que son las modificaciones que propone el Ejecutivo al artículo 28 constitucional.

Petróleos Mexicanos, para el ejercicio fiscal 2014, aportará más de 40 por ciento de los ingresos federales que serán utilizados para el desarrollo de carreteras, caminos, escuelas y hospitales en todo el país, además de programas de salud y pensiones, entre otros.

Entonces, ¿no es lo suficientemente estratégico para el desarrollo del país? Parece que el PRI y el PAN lo soslayan en pro de una supuesta modernidad.

No debemos de soslayar que otros acuerdos del Pacto por México hacen referencia al fortalecimiento de Petróleos Mexicanos, como empresa pública de carácter productivo,  como promotor de una cadena de proveedores nacionales y como eje de la lucha contra el cambio climático.

Para ello es IMPERANTE otorgarle autonomía presupuestal y de gestión, reduciendo el régimen fiscal al cual está sujeto. Sin embargo, la propuesta del Ejecutivo, plasmada en la iniciativa de Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos, no le otorga ninguna de estas tres últimas características.

Incluso, tan vaga es la propuesta del Ejecutivo, que ni mínimamente se le garantiza a Pemex explotar los pozos que requiere para seguir produciendo los 2.5 millones de barriles diarios de crudo que produce actualmente. Esto pone en riesgo no solo a las finanzas de Pemex, sino a la existencia misma de la paraestatal.

El discurso del gobierno federal ha ido evolucionando: han aceptado que Pemex no está quebrado, que es una empresa altamente eficiente, con costos de operación competitivos a escala internacional.

Sin embargo, a su parecer, ningún recurso adicional es suficiente para evitar la hecatombe que predicen bajo una cadena de mitos que han creado para lograr un escenario en el cual procesar su propuesta energética.

Es grave que durante la comparecencia del director general de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya, ante la Cámara de Diputados el pasado 20 de noviembre, se haya perdido una extraordinaria oportunidad para explicar la propuesta de reforma en materia de energía del Ejecutivo.

A pesar de ser muy hábil en el manejo de los elementos técnicos y económicos durante sus respuestas, mi pregunta sobre el tema durante la comparecencia careció de precisiones sobre los planes de la propuesta que él defiende.

En principio, no definió plazos para los proyectos de inversión más urgente. Sobre la refinería de Tula, quiero aclarar que una reconversión no es la construcción de la refinería, y el director de Pemex, al haber explicado que el gobierno federal no le ha dado los recursos para este último proyecto, deja la interrogante de si están a la espera de algún socio para llevar a cabo esta inversión.

Me parece burdo y cínico que el proyecto que ya se había aprobado  con los recursos necesarios desde 2009, ahora requiera de capital privado. Muchas otras preguntas se encuentran aún en el aire sobre las propuestas puestas en la mesa, y que requieren el espacio adecuado para aclararlas:

¿Por qué la propuesta del Ejecutivo no contempla el esquema de Asociaciones Público-Privadas que ya cuentan con una normativa? ¿Cómo abordar la corrupción en el sector, actual y futura?

¿Las petroleras transnacionales están dispuestas a comercializar su producción a través de la entidad pública que se crea a partir de la iniciativa de Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos?

¿Cómo transitará el grupo PMI y las empresas que lo conforman en el extranjero? ¿Por qué la Comisión Nacional de Hidrocarburos no ha otorgado a Pemex este año ningún área para su desarrollo a pesar de requerirle costosos estudios sobre éstas? ¿Cuáles serían las cláusulas y los modelos de contratos que se pretenden otorgar?

¿Cómo tener gasolinas más baratas si no contamos con refinerías? Una reforma energética debe centrarse en la seguridad energética, no en incrementar la extracción de hidrocarburos para seguir importando la gasolina y mantenerla a precios incluso más elevados, pues el subsidio desaparecería. O al menos ese es otro tema que no se ha aclarado.

Me parece un “sinsentido” el querer aprobar una reforma energética este año sin haber aún discutido de cara a la gente todos los factores que están en juego: debe transitar una reforma resultado de la confrontación de ideas, de construcción de acuerdos y de informar a la gente. No basta con argumentar que las cosas se harán como en el resto del mundo.

Insisto que la discusión no puede llevarse a cabo en lo oscurito. Insto a que en lo que resta del actual período de sesiones ordinarias se discutan los temas legislativos pendientes y dediquemos el espacio y tiempo necesarios para un debate serio en el próximo período de sesiones.

En conclusión, solo quiero enfatizar que el PRD NO ACOMPAÑARÁ NINGÚN CAMBIO CONSTITUCIONAL EN MATERIA DE ENERGÍA: ni ahora ni en marzo. Mi intención es resaltar que la reforma energética es una de tal envergadura y de tal trascendencia para el país, que una aprobación fast-track, con mayoriteos mecánicos, solamente dejará en evidencia a aquellos cuyos intereses se encuentran con el sector empresarial y no con la gente, y a un gobierno pronto a entregar los recursos naturales al oligopolio petrolero transnacional.

Diputado de la 62 Legislatura, PRD