Articulista invitado

Benny Ibarra y Don Luis de Llano Palmer: un homenaje quijotesco…

A 400 años del fallecimiento de Cervantes, vuelve la obra que tradujo el productor y director, abuelo del actor que ahora representa a Don Quijote de La Mancha.

Hace unos días tuve el placer de ser invitado al estreno de El hombre de La Mancha en el Teatro de los Insurgentes: sitio emblemático para la tradición del arte escénico en México y un espacio privilegiado que a sus 63 años de inauguración permanece majestuoso y  en plena vigencia.

Desde su fachada, creada por Diego Rivera, y el mezzanine, donde se exhiben las placas doradas que recorren el éxito de innumerables obras allí representadas, la sensación de estar en un santuario nos prepara para el ritual de ver buen teatro en un lugar donde el espíritu de Talia y Melpomene, las musas de  la Comedia y la Tragedia, permea el ambiente.

Mi padre decía que si la televisión es iglesia, el teatro es catedral, y aún antes de entrar a la sala del Teatro Insurgentes, la imagen de varias placas conmemorativas con el nombre de mi padre inscrito, me recuerda las muchas obras musicales en las que él participó como productor, promotor e incluso, traduciéndolas de su idioma original al español.

 Como en el caso del El hombre de La Mancha, la obra que ahora me disponía a ver en su función de estreno en la cual mi sobrino Benny Ibarra hijo representa a Miguel de Cervantes Saavedra y al caballero de la triste figura, en un complicado reto que marca su regreso al escenario teatral, y significa un tributo a su abuelo, Don Luis, honrando el legado artístico de una familia dedicada al espectáculo, donde su madre Julissa es un ejemplo de vida y  trayectoria: no cabe duda que el escenario forma parte del ADN de los De Llano/Macedo .

Aún antes de sonar la tercera llamada, una impactante escenografía nos recibe y los primeros acordes del grupo de músicos de ensamble nos van preparando para la travesía por un tiempo sin tiempo, donde las mazmorras de una cárcel española del siglo XVI son recreadas a través de un funcional diseño, y esos colores ocre-terracota y una iluminación que tienen la magia de transportarte a Madrid, para relatar la historia que vivió Cervantes, acusado y preso por la temible Inquisición, pero también es el ámbito donde con simples elementos como escaleras, palos, mantas, trapos y espejos, El caballero de la triste figura “cabalga una vez más por  las llanuras de ese imaginario   lugar de la Mancha, de cuyo nombre no se quiso acordar Cervantes”, pero ha sido  eternizado a través de la pluma del máximo exponente de la literatura hispana.


Esta es la cuarta vez en que El hombre de La Mancha se presenta en México y en esta ocasión la producción ha corrido a cargo de tres grandes del espectáculo musical : Tina Galindo, Morris Gilbert y Claudio Carrera, y en verdad que este renovado montaje el trabajo ha sido impecable: la dirección  de Mauricio García Lozano, el  destacado  elenco  de experimentados actores y actrices la escenografía de Jorge Ballina, la coreografía, la dirección musical, la orquesta en vivo, el diseño del vestuario.

 Y en fin, en cada uno de los elementos seleccionados entre lo más destacado del arte escénico en nuestro país  que se conjugan maravillosamente en este viaje de dos horas que disfrute aquella noche.

Destacan  a nivel actoral, por su presencia en la obra, el maestro Carlos Corona, quien da vida a Sancho Panza; la temperamental  “Aldonza/Dulcinea, “representada por la bella y muy talentosa Ana Brenda; pero quien me impactó de una manera muy profunda fue mi sobrino Benny, y no solo por su probado talento como cantante y su ángel escénico al  personificar de una manera  impresionante  la difícil dualidad de Cervantes y El Quijote  mostrando todos los matices actorales que se necesitan para llevar al público por la comedia, el drama, la interpretación de temas musicales que son inmortales y la exaltación de las mejores cualidades del espíritu humano, sino porque al verlo allí, de barba canosa y caracterizado ante el aplauso del público, no pude más que decir con orgullo: “cómo se está pareciendo a Don Luis”.

Por supuesto, Benny Ibarra de Llano fue su nieto primogénito y la comparación podría parecer obvia, pero mi reflexión va mas allá del parecido físico y de la natural inclinación por los escenarios que supone nuestro apellido, y es que ahondando un poco más en las analogías que Cervantes, Don Quijote y El hombre de La Mancha guardan con mi padre: Miguel, el escritor, fue  como mi padre, un soldado perseguido por el gobierno español, y en ambos casos, la prisión no pudo encarcelar ni apagar ese talento creativo que los caracterizó. Al igual que Alonso Quijano, el Quijote, Don Luis de Llano luchó en su tiempo y en su momento contra los gigantes  molinos de viento (aquellos  que  llevan por el aire las mágicas imágenes de la televisión), y aún así permaneció fiel a su “ideal de la estrella alcanzar, soñando con fe,hasta el  último aliento…”.

Pero el paralelismo entre El hombre de La Mancha y Don Luis de Llano Palmer aún va más allá:  el hecho de que mi padre tradujera por primera vez esta emblemática obra que celebra ya medio siglo de haber sido estrenada en Broadway, la meca del teatro musical, significa que el espíritu, el mensaje y la moraleja de este clásico escénico tuvo que ser asimilado, traducido y convertido en canción por mi propio padre.


Este año, la puesta en México de El hombre de La Mancha significa también una conjunción de aniversarios que se celebran a escala mundial: los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, el cincuentenario de la obra musical y quiero agregar a estos festejos que precisamente en este octubre, el día 14 para ser más exactos, se estarían cumpliendo ya  los 101 años del nacimiento de Don Luis de Llano Palmer, pionero de la televisión y capitán del teatro musical en nuestro país. 

Una fecha más por recordar es el 23 de octubre, y es que también se cumplen ya cuatro años del fallecimiento de mi padre, y a manera de homenaje quisiera decir que  no cabe duda que el aplauso no solo es el alimento del artista, sino también significa la inmortalidad de quien dedica su vida a crear para el público historias épicas, recrear personajes eternos y encarnar sueños imposibles en ese gran escenario que es nuestra propia existencia donde, ya lo dijo el poeta, “la vida es sueño” .

Felicidades a Benny, un gran aplauso de pie  para quienes hoy en México han traído de nueva cuenta a escena El hombre de La Mancha y mi más profundo homenaje y recuerdo para mi padre: sin lugar a dudas, Don Luis, al igual que Don Quijote, supo ganarse a pulso y para la posteridad el título de Ingenioso Hidalgo, y quizás ambos fueron a su manera, en su momento y en su propio escenario, los últimos caballeros andantes de su tiempo. 

Hasta siempre jamás, papá.