Desde la industria

Pagar más recibiendo menos, no es negocio

Tanto se ha escrito y analizado sobre la propuesta de reforma fiscal enviada por el Ejecutivo, que difícilmente sabemos cómo quedará finalmente después de pasar por la Cámara baja. Lo cierto es que, a pesar de que se deroguen algunos de los gravámenes que pretendían, no es difícil adivinar que los “paganos” seremos nuevamente, los contribuyentes cautivos.

Cuando escucho al secretario Videgaray y a los políticos de su partido, tratar de defender los aumentos a los diversos impuestos, solo me pregunto: ¿alguna vez el presidente, o su equipo de trabajo, han tenido que atender una microempresa, o dar algún servicio como profesionistas, o incluso, pagar impuestos como cualquier asalariado? Sinceramente creo que no. Porque de ser así, tendrían más sensibilidad social, y sabrían que los que ya pagamos impuestos no nos oponemos a pagar más, siempre y cuando se den dos factores importantes: Que paguen los que NUNCA han pagado (empezando por los diputados federales y senadores), y además se dé con un importante recorte al gasto público, privilegiando la inversión sobre el gasto corriente.

Los ciudadanos tenemos que buscar paliativos a los pésimos servicios que no provee el Estado Mexicano. Pagamos por educación privada, cuando la obligación constitucional es que sea gratuita; erogamos por seguridad privada en empresas, casas y demás, cuando la obligación del gobierno es proteger nuestra integridad y patrimonio.

Pagamos por autopistas caras y malas, cuando deberíamos de tener vías de comunicación de alta calidad y gratuitas; pagamos por un seguro de salud, pues los servicios de las entidades de salud públicas se encuentran rebasados por la demanda y son ineficientes en la mayoría de los casos, pues no existe la infraestructura necesaria para la cobertura universal.

Y así puedo mencionar muchos servicios más que se deberían de prestar con eficiencia por el gobierno mexicano, pero la realidad es diferente.

Estoy cierto que imponer tasas e incrementar los rubros gravables nunca serán medidas aplaudidas y populares en ningún lugar del mundo.

Pero si a esta medida recaudatoria le acompañas de un claro y puntual programa de inversión pública, y además se hace un fuerte recorte al gasto corriente, entonces sí puede ser que se facilite la socialización de la propuesta hacendaria. En esta nueva era de las comunicaciones donde todos podemos ser reporteros, y a través de un Twitter dar cuenta del despilfarro de los funcionarios hasta convertirlos en “trending topic” o “hashtag”, difícilmente nos ocultarán la verdad. ¿Cómo esperan ocultar el robo de las prebendas a sindicatos por parte de la familia Gordillo, Deschamps, etc. además del robo descarado de los recursos otorgados a las entidades federativas, por parte de los exgobernadores como Garnier, Sabines, Marín, Reynoso, Moreira y muchísimos más?

Si desean que paguemos impuestos con gusto, entonces justo sería que comenzaran por meter a la cárcel a todos los que se han llenado los bolsillos de nuestro dinero.

Este acto de congruencia y justicia serviría más que miles de discursos y anuncios, queriéndonos vender una reforma fiscal que no trae valor agregado para nuestro bienestar.