DESDE MI RINCON

Tres verbos y un evangelio

Sin duda, una de las principales ventajas que tenemos los humanos sobre los demás seres que poblamos este planeta, es la de poder comunicar nuestros pensamientos mediante una amplia diversidad de palabras. Gracias a una sofisticada capacidad anatómica, somos capaces de articular oralmente aun las  más abstractas o complejas ideas.
Las palabras, en forma oral o escrita, tienen la peculiaridad  de hacernos construir imágenes en nuestra mente. Particularmente el verbo, nos genera la idea de movimiento, de espacio y de tiempo, tres elementos donde se “da” eso que llamamos “la vida”, no es entonces gratuita la frase con la que inicia el cuarto evangelio. Así, una expresión aumenta su significado cuando involucra el verbo y en algunas ocasiones,  tanto más cuanto más verbos la conformen.
Tal es el caso de una frase que hace mucho escuché y que conforme pasan los años,  regresa a mi mente como una reflexión y una brújula, que define la dirección que debo tomar en alguna encrucijada de mi vida: ¿Quiero?, ¿Puedo?, ¿Debo?
La respuesta a la primera interrogación, implica un severo ejercicio de realismo que, en tal o cual situación nos permita saber lo que realmente deseamos, separar al yo adulto del yo infantil, para distinguir con claridad lo que nos dice la mente de lo que nos “dicta” el corazón, sin dejar de considerar que casi siempre, la verdad de lo que deseamos esta en éste último.
La segunda pregunta nos obliga a romper el denso velo de la  fantasía juvenil y asumir la realidad de nuestros recursos y capacidades. Si decidimos  creer en aquella frase de Nisargadatta de que “La mente crea el abismo y el corazón lo cruza”, primero deberemos tener la certeza de la fortaleza del corazón para no terminar en el fondo del abismo.
Por último y quizás lo mas difícil de cumplir en estos tiempos de egoísmo desbordado, es valorar si es lo correcto o cuando menos lo menos dañino para todos los involucrados. Por mucho que se diga otra cosa, la conciencia existe y seguirá existiendo en el ser humano y el sentimiento de culpa es un infierno que poco a poco destruye a quien lo vive.
La vida, las palabras y las ideas, tres verbos y un evangelio.


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