DESDE MI RINCON

El riesgo de una inversión malograda

Nos guste o no, en el mundo actual la televisión se ha convertido en un medio de comunicación que, como una educación complementaria, interviene considerablemente en la formación intelectual de niños y adultos. Los segundos, se supone que de una u otra forma contamos con un criterio que nos permite filtrar la información, mientras que la mente de los niños al ser  totalmente permeable, los hace vulnerables a percibir como algo normal, conductas disparatadas o actitudes desviadas de personajes y conductores que aparecen en numerosos programas que sin ningún control se trasmiten en nuestro país.
Una percepción que mas tarde, con frecuencia los lleva a tener una interpretación equivocada del mundo y de la realidad, donde las actitudes melodramáticas son la forma de reaccionar ante la adversidad o aún peor, donde la violencia verbal o física es el único medio para resolver conflictos entre personas, lo que hace de la televisión un importante elemento más,  entre los que alimentan a esa perversa fábrica de sociópatas que padecemos en México, todo ante la mirada indiferente de gobernantes y gobernados.
Afortunadamente, entre toda la basura televisiva todavía es posible encontrar contenidos de calidad, como algunos programas de vida animal  que, muestran a quienes detentamos el titulo de “inteligentes”, cómo algunas otras especies tratan a sus crías, cumpliendo ampliamente con un prioritario precepto natural, que todos los seres vivos hemos heredado y del que, a decir de los expertos, se derivan todos los demás instintos: el de la preservación de la especie.
Recientemente, en uno de esos programas se podía apreciar cómo en medio de una sequía extrema, una manada de elefantes brindaba conjuntamente todo tipo de protección al único miembro joven del grupo, un pequeño elefante que representaba para ellos lo que el narrador atinadamente llamó: su inversión biológica.
Tratándose de seres humanos, dicha “inversión biológica” se transforma pronto en el llamado “bono demográfico”, por lo que resulta criminal contribuir a convertirla en una inversión malograda, porque eso significa la decadencia y extinción  de nuestra especie.


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