DESDE MI RINCON

Un portazgo urbano

En cuestiones de territorialidad, es por demás curiosa la similitud que tiene el comportamiento humano con el de algunos otros mamíferos con los que compartimos nuestra condición monofilética. En los perros y otras subfamilias de cánidos por ejemplo, puede apreciarse como al trasladar a un individuo a un nuevo espacio, su actitud es inicialmente cautelosa, tímida y hasta sumisa, comportamiento que luego se va modificando en la medida en la que el animal reconoce y marca su territorio con sus olores, hasta el punto en el que desarrolla un sentido de posesión territorial, adoptando entonces una conducta agresiva y atacando a quien transgreda los límites marcados.Algo similar puede observarse en la conducta de quienes hacen de la caridad pública una forma de vida, llegando incluso a tener enfrentamientos violentos entre ellos por el dominio de determinados espacios. Pero en ocasiones el fenómeno no queda ahí, y el pedigüeño desarrolla una percepción desviada de la realidad, considerando de algún modo, que él tiene derecho a recibir la dádiva y el requerido tiene la obligación de dársela, sobre todo cuando es a cambio de algún servicio ofrecido.Tal es el caso de los llamados franeleros, que cada día en mayor número pululan por los cruceros citadinos en compañía de toda clase de vendedores, y a últimas fechas, también  de supuestos transmigrantes qué, atraídos por el espejismo magnético del “american way of life”, cruzan por las ciudades mexicanas sobreviviendo como Dios les da entender, mientras llegan a la tierra de la migra y el billete verde, en un éxodo imparable e interminable que se repite en todo el mundo, resultado de un deshumanizado modelo neoliberal que desde el escritorio, tal vez consideró fríamente la “desaparición” de una determinada cantidad de personas, pero no tomó en cuenta que esas personas no están dispuestas a desaparecer así como así, sino que harán todo y de todo para sobrevivir.En la antigua España, el portazgo era un impuesto por usar los caminos en Castilla, Aragón y Navarra. Es quizás el antecedente del peaje y tal parece que a como vamos, pronto tendremos que pagarlo en cada semáforo citadino. 


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