DESDE MI RINCON

La pareja y la competitividad equívoca

La competitividad se define como la capacidad de competir contra otro para conseguir algo. Competencia por su parte, puede entenderse como una pericia o aptitud específica de un individuo para realizar algo o participar en un asunto determinado. A partir de esto, podemos afirmar que la competitividad no es sino el desarrollo de las competencias individuales, sean estas nativas o adquiridas.


Dada la terrible sentencia bíblica, ganar el pan con el sudor de la frente, que llevamos a cuestas por culpa de los apetitos de Adán, la curiosidad de Eva y la canija víbora, competir por los alimentos contra los otros animales (incluidos los semejantes), se volvió un asunto de vida o muerte. Sobrevivir es desde entonces el mandato que de algún modo ha marcado la naturaleza humana y en esa medida, parece que los efectos de la dichosa manzana, detonaron el imperativo de probar y reafirmar nuestras competencias contra todo lo que se nos pone enfrente.


Tal vez porque también gustan de las manzanas, algo parecido sucede con los caballos, que aceleran su paso cuando otro equino intenta rebasarlos, sin que esto sea privativo del macho, pues las yeguas reaccionan de la misma manera.


Este impulso de competir, ha sido desde luego un factor que nos ha permitido sobrevivir y desarrollarnos en un mundo hostil, pero como sucede con todas las cosas, de pronto alguna de nuestras actitudes resulta contraproducente, cuando se desborda más allá de lo razonable.


Así, es frecuente ver hoy parejas separadas por el hecho de no poder tolerar el éxito del cónyuge, éxito que generalmente conlleva la consecuente opacidad social del menos exitoso. La píldora anticonceptiva y la computadora han sido dos parteaguas históricos en el rol de la mujer en la pareja.


El control del embarazo le permitió acceder al mundo laboral y a su independencia económica y la computadora equiparó las fuerzas, ya no se necesitan músculos para sobrevivir, solo inteligencia y de eso según se ve,  Eva salió mejor dotada. Con frecuencia la competitividad equívoca va acompañada de soberbia y el mejor antídoto para eso sigue siendo el mismo de siempre: amor y comunicación.


lamontfort@yahoo.com.mx