DESDE MI RINCON

Los murciélagos de Leroy

En rueda de prensa sobre la epidemia africana del Ébola, dijo Bruce Aylward, Subdirector de Operaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Para principios de diciembre se podrá observar un promedio de 5 a 10 mil nuevos casos cada semana en Guinea, Sierra leona y Liberia”. Aunque la medicina no es una ciencia predictiva, el pronóstico es en si alarmante no solo por las cifras que plantea, sino además por el abierto rango de un 100% de variación entre esos números, lo cual  invita a pensar en el poco control que se tiene sobre el contagio de dicho padecimiento, toda vez que al parecer no existe una vacuna efectiva contra esa fiebre hemorrágica, cuya tasa de mortalidad dice la misma OMS es de un 70%.En el tema de salud resulta excesivamente optimista la expectativa de “riesgo cero” contemplada por algunos de los llamados países desarrollados,  en un mundo donde la movilidad internacional es cada día mayor, como resultante de una  creciente e imparable globalización comercial.En México la Secretaria de Salud manifiesta estar preparada para atender cualquier caso al contar con el Instituto de Diagnostico y Referencia Epidemiológicos (INDRE), definiéndolo como un organismo de alta seguridad y nivel de diagnóstico, así como el complejo de laboratorios mas moderno y grande de América Latina. Señalando que dicho organismo coordina la Red Nacional de Laboratorios de Salud Pública, con lo que puede tomar decisiones  estratégicas oportunamente.Si bien estas declaraciones subrayan la capacidad clínica oficial de manejo de posibles casos, no son claras en cuanto a las medidas tomadas para la implementación de un “cerco sanitario”, cuya alta porosidad resulta obvia por las razones de movilidad antes mencionadas. El Ébola tiene su origen en cierta especie de murciélagos que son vectores de transmisión a otros animales y personas afirma Eric Leroy, investigador francés y autor del único estudio sobre el tema. El primer brote fue documentado en 1976 en una aldea cercana al Río Ébola de donde toma su nombre. Roguemos pues, porque los murciélagos de Leroy no se oculten en los numerosos contenedores de la globalización. 


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