DESDE MI RINCON

No soy monedita de oro

La mente humana es de una complejidad tal, que busca resolver sus conflictos y contradicciones en las formas más variadas o inesperadas. La llamada “autoestima”, resulta en ocasiones un insaciable monstruo al que debemos alimentar de mil maneras, pues de ella depende la  valía que nos auto concedemos, valía de donde deriva la baja o alta auto imagen o amor propio, que es un elemento indispensable para enfrentar los retos de una  coexistencia nada fácil.Tal es el caso del título de la popular canción con el que preludio estas líneas.

La coloquial expresión con la que Cuco Sanchez alude a la monedita de oro,  revela el resultado de la lucha psicológica que toda persona  libra,  entre el deseo de ser aceptada y reconocida  y la necesidad de sentirse auténtica siendo ella  misma.

En nuestro desarrollo interminable de niño a adulto (emotivo e intelectual), la construcción de una auto imagen que nos sea satisfactoria, esto es, un “yo ideal”, implica la aceptación e integración de las imágenes de otras personas, usualmente figuras fuertes en nuestra percepción, a las cuales consideramos valiosas.

Aquí existen riesgos como el de admirar y tomar referentes equívocos, o bien el de condicionar el nivel de nuestra autoestima al hecho de ser aceptados por una o varias de esas personas.Así, el proceso es complicado y en el camino inevitablemente  recibimos daños que suelen dejar huella en nuestra psique o si el lector  místico lo prefiere, en nuestra alma.

Es entonces cuando aparecen deformaciones de comportamiento extremas como la sumisión o la soberbia, que no son sino un mecanismo de defensa con el que nuestra auto estima se protege del daño que nos genera el ser rechazados, pues ese rechazo no concuerda con la imagen ideal que tenemos de nosotros mismos.

Buscar y eventualmente conseguir la paz interior, conlleva necesariamente la práctica del mandato délfico: Conócete a ti mismo y para llegar a una de las estaciones de ese camino, debemos encontrar el equilibrio entre el deseo de ser aceptados y la necesidad de ser auténticos. De esa forma todos podemos llegar a ser algún día “moneditas de oro”.


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