DESDE MI RINCON

Lo lúdico y lo inmaduro

Aclaro desde aquí, que no descalifico ni tengo algo en contra de la juventud y sus singularidades, como suele suceder con algunos sesentones contemporáneos míos, al contrario, admiro la iniciativa y la audacia de los jóvenes, pero el hacer esta precisión no me priva del derecho de analizar y señalar las fallas y errores de su conducta, ya que cuando se trata de decisiones tomadas desde puestos de responsabilidad, esos yerros terminan afectando a todos quienes formamos parte de una colectividad, sobre todo cuando por  irreflexión o puerilidad, se generan importantes consecuencias para toda la comunidad.

Hoy, una gran cantidad de individuos han sido educados con los llamados modelos lúdicos de aprendizaje, recurso que ha demostrado ser altamente pedagógico al enseñar al niño a través de juegos.

Seguramente por la ley del péndulo, la humanidad buscó formas de educar mas flexibles y amables  que los rígidos y severos formatos heredados del siglo IXX y aplicados durante gran parte del XX.Pero precisamente por ser pendular, al parecer nos fuimos hasta el extremo opuesto y ahora muchos adultos jóvenes y otros que no lo son tanto, valoran el placer inmediato y la diversión por encima de la gratificación diferida y de la responsabilidad.

La vida real no es un juego y todos percibimos esa realidad mediante una valoración emocional y otra  racional. La definición de nuestro comportamiento equilibrando racionalmente ambas valoraciones (sin reprimir o anular las emociones y los sentimientos sino controlándolos) es lo que identifica  a una persona madura.

Si bien el adolescente carece de herramientas para dominar sus impulsos y el joven debe aprender a medir el alcance de sus actos y decisiones,  el adulto por su parte debe asumir seriamente el papel que le corresponde, en un medio donde inevitablemente su conducta influye de manera positiva o negativa en quienes le rodean.

Todo esto sin renuncia del disfrute de los variados  satisfactores del mundo “gamificado” en el que nos ha tocado vivir.Jugar es bueno pero con límites. No se puede jugar al gobierno, al cirujano o al matrimonio, porque las consecuencias son desastrosas. 



lamontfort@yahoo.com