DESDE MI RINCON

Mientras llega la hora

Mientras llega la hora, paciente espero en la sala de abordar la indicación de pasar a la aeronave en la qué, sentiré nuevamente la inusual situación de compartir, en el sentido literal de la palabra, durante las siguientes horas junto a otras personas un destino común. Inusual digo, porque ante la expectativa de volar, hay siempre presente en la mente el temor de que el vuelo termine mal. La demora por mal tiempo ha generado una  incertidumbre que cada uno maneja según sus saberes y creencias, con los que disimulamos más o menos el miedo, bajo un disfraz de seguridad que suele esfumarse a las primeras sacudidas turbulentas del aparato.Mientras llega la hora, la incertidumbre resulta inquietante  y  hace que se respire en la sala una vaga sensación de solidaria identidad, de un modo u otro, todos sabemos que la muerte no distingue clase premier o turista. Sin proponérmelo, recuerdo haber leído en alguna parte que las probabilidades de morir en un avión son 1 en 20000 (en toda una vida), seguramente la madura mujer sentada frente a mí no lo sabe ni le importa, y prefiere acogerse al rosario que desliza entre sus dedos mientras mas allá, un ejecutivo de mediana edad con el ceño fruncido  se concentra en su computadora y la lozana pareja de unos quizás recién casados, se afanan en sendos celulares, ajenos a las inquietudes de los otros y blindados en ese  envidiable optimismo tan propio de la juventud, que hace creer  que la tragedia no puede tocarnos.Mientras llega la hora, viene a mi mente un texto de Kundera sobre los ciclos de la vida que se repiten interminablemente. Después del invierno hay siempre una primavera y después de  la noche hay siempre una aurora, pero la tragedia que como muy pocos  comprendió Shakespeare, es que en la vida del hombre después de la vejez no hay primavera, ni aurora, después de la vejez hay solo la muerte.Mientras llega esa otra hora, la postrera, pienso que en ese lapso impredecible, la vida debe tener un sentido claro y definido que haga valioso vivirla y es responsabilidad de cada persona, buscarlo, descubrirlo y vivirlo, cada segundo y cada minuto, mientras llega la hora. 


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