DESDE MI RINCON

La infinita idiotez humana

En este asunto de articular palabras para decir lo que se siente o se piensa, hay ocasiones en que no es fácil encontrar un tema que aliente el optimismo, sobre todo cuando como en este caso, el entorno mundial se presenta como un complicado escenario en lo concerniente al futuro próximo de la sociedad humana.

Que  la economía china está desestabilizando la del mundo; que la inmigración desbordada obligará a cerrar fronteras en todo el planeta; que la revolución tecnológica genera desempleo y bajos sueldos; que la riqueza mundial cada vez es mayor, pero la brecha entre ricos y pobres sigue ampliándose (para 2016 el 1% poseerá lo mismo que el 99%); que Trump se va convirtiendo en un posible favorito; que el Fondo Monetario está obligando a reducir las pensiones a los jubilados en todo el mundo; que a Pemex lo están quebrando; que el narcotráfico representa el 1.5 %  del PIB mundial y el 70% se blanquea en la banca; que el vaticano acepta haber cometido “grandes errores”  (con la consiguiente pérdida de confianza); que Siria, que el estado islámico etc.etc.

Ante este oscuro panorama que tiene como factor común el que la economía se ha apoderado del mundo, decidí hurgar en el pasado en busca de alguna nota histórica más esperanzadora, pero sin quererlo, tropecé con una  efeméride que  coincide con la fecha y circunstancias que hoy vivimos, un suceso que aunque  también fue catastrófico, recordarlo puede dejarnos una lección  que ya desde entonces deberíamos haber aprendido.

Fue en Marzo de 1918, que en la ciudad de Kansas City se documentó el primer caso de la pandemia más mortífera de la historia médica, estimándose entre 50 y 100 millones de muertes las causadas por la mal llamada “gripa española”, nombrada así, porque al estar el mundo en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial,  por estrategia solo la prensa de ese país informaba sobre el número de muertes.

Por su virulencia, la influenza de 1918 una variante del H1N1,  se estima acabó con 25 millones de personas sólo en las primeras 25 semanas. Cabe preguntarse: Con virus como esos por combatir, ¿cómo es que seguimos destruyéndonos unos a otros los humanos?

 

lamontfort@yahoo.com.mx