DESDE MI RINCON

Los huecos del alma

“Las sillas vacías”, era la acertada metáfora con la que  una apreciada amiga, expresaba hace algunos años su añoranza por las personas ausentes en su cena de navidad, o tal vez también, por el recuerdo de momentos vividos en compañía de esas personas. 

Sin menoscabo del valor de los recuerdos de mi amiga, a mi me sucede, que en ocasiones tiendo a idealizar determinados momentos, siendo entonces mejor el recuerdo que lo que realmente  fue la experiencia original.

La temporada invernal y en particular la época navideña, suelen generar emociones nostálgicas o depresivas en muchas personas, incrementándose incluso los actos suicidas según indican las estadísticas.  

La vida es un devenir constante de ilusiones y desilusiones, de adquisiciones y de pérdidas, y eso aplica  tanto a los momentos que vivimos, como a las personas con las que compartimos esos momentos.

Esta certeza resulta insoportable cuando se trata de seres queridos, a quienes quisiéramos retener siempre a nuestro lado, pero el tiempo en el que vivimos es un continuo ir, como las aguas de un río en el que estamos inmersos, aguas que nunca se detienen ni son las mismas.

Lo único verdadero es lo vivido, convertido en un pasado que guardamos en nuestra mente como recuerdo. El futuro es algo incierto, y el presente,  al estar constituido por momentos que continuamente se convierten en recuerdos, termina siendo inasible por ser vertiginosamente efímero.

Quizá de ahí, nuestra proclividad a guardar y preservar recuerdos como única evidencia de nuestro paso por este mundo.

Así pues, atesorar recuerdos no es anclarse en el pasado como afirman algunos, sino algo que nos permite fluir en el río de la vida, guardando evidencia de que en realidad la hemos vivido, con el beneficio extra, de que en nuestra mente podemos revivir y disfrutar una y mil veces, los recuerdos mas placenteros e intensos.

Cada persona, ilusión o vivencia que llega a nuestra vida y se marcha, deja un gran o pequeño hueco en el alma y para no terminar con el alma hueca, quizás debamos rellenar cada uno de esos espacios, con los recuerdos gratos que nos dejó esa persona, ilusión o vivencia. 


lamontfort@yahoo.com.mx