DESDE MI RINCON

Por sus frutos los conoceréis

No son muchas las diferencias que tenemos los humanos con respecto a los animales con los que compartimos el mundo. Velocidad, fuerza, olfato, agudeza visual, armas naturales, etc. son características que, aunque nos son comunes, no las  tenemos en la misma medida que muchas otras especies biológicas.
Esta desigualdad, podría habernos colocado  quizás en uno de los últimos lugares de la cadena alimenticia, es decir; seríamos alimento de muchos otros depredadores. Sin embargo; unas pocas pero significativas  diferencias evolutivas han facilitado nuestra hegemonía zoológica, tales  como la condición de “Homo erectus”, que nos permitió caminar y liberar brazos  y manos para empuñar herramientas o armas, o bien la posición contrapuesta del dedo pólice o pulgar, que favoreció  la motricidad fina de la mano y que, mediante una serie de etapas antropomórficas intermedias, nos transformó en el “Homo habilis”, evolución  que luego devendría en un crecimiento del cerebro y una expansión de la inteligencia en el llamado “Homo sapiens”. En  éste último espécimen pensante, surge una de las características humanas más importantes: el lenguaje complejo.
Gracias al él, podemos comunicar lo que pensamos, sentimos  o deseamos; expresar nuestro dolor o alegría; el lenguaje preciso y concreto, optimiza el trabajo en equipo al sinergizar las  capacidades individuales. El lenguaje nos permite desde interpretar  un texto simple, hasta la transmisión y comprensión de conceptos tan abstractos como el álgebra o tan profundos como el amor o la libertad. Es en resumen, el epítome de millones de años de evolución humana.
Infortunadamente el lenguaje también tiene un lado oscuro. La mentira, la difamación, el libelo, la coprolalia y en general la perversión del lenguaje, son desviaciones que nos hacen dudar de las palabras. Tal vez por eso según Mateo, Jesús ya invitaba a desconfiar de ellas y creer solo  en los hechos, al decir: “por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16).
Si el evangelista escuchara el demagógico bla, bla, bla de  nuestros corruptos políticos mexicanos, seguramente nos insistiría con más énfasis en creer solo en lo de los frutos.