DESDE MI RINCON

La fórmula griega de la democracia

La efervescente propaganda electoral vivida recientemente en nuestro país,  dejó en muchos mexicanos un hartazgo rayano en la nausea, resultado de la forma como las campañas sobresaturaron los espacios mediáticos, así como por el mal gusto y la frivolidad de muchas de sus formas propagandísticas, que tristemente transparentan la poca calidad humana de una clase política carente de lo necesario para comprender y trabajar por el llamado “bien común”, pero sobrada de ambición y de empuje para lanzarse al abordaje y saqueo del erario público, pudiendo casi leerse en las amplias sonrisas de algunos ganadores, la consabida frase con que los piratas arengaban a sus secuaces: “Al hurto y al pillaje”.

Quizá la palabra “democracia” sea una de las mas repetidas y “sobadas”  por unos y otros durante esas campañas, es pues oportuno apuntar aquí algunos datos curiosos sobre el origen y las formas de la democracia griega, semilla de nuestra peculiar democracia mexicana.La democracia nace en Atenas en el siglo V a. de C. ciudad que se calcula, contaba con entre 250 y 300,000 habitantes, de los que solo 100,000 eran familiares de ciudadanos atenienses y de ellos votaban alrededor de 30,000 varones adultos, mientras que en el resto de las ciudades  la población era mucho menor y los votantes sumaban  apenas 1000 o 1500.

Solo se  votaba siendo ciudadano hijo de atenienses y siendo ciudadano se   podía presentar iniciativas a la Asamblea, organismo que podía  otorgar la ciudadanía por servicios al Estado. Existían distintas clases de personas: Los eupátridas eran los nobles, los demiurgos eran los artesanos y los geomoros los campesinos (de estos dos últimos  parece deviene la raiz de pueblo “demos”, esto es; de artesanos y campesinos).

Estaban además los metecos, no ciudadanos y usualmente comerciantes extranjeros; los esclavos y los ilotas, siendo estos últimos “propiedad” del Estado que  trabajaban la tierra al servicio y para beneficio de un concesionario.

Según se ve, la democracia griega funcionaba por tres razones: porque la ciudadanía era un privilegio, por el reducido número de votantes y por la gran participación ciudadana. 


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