DESDE MI RINCON

Los entretelones de la historia

Los historiadores, cronistas y otros muchos, repetimos con frecuencia la conocida frase de qué: un pueblo que no conoce su historia esta condenado a repetir los mismos errores. Es cierto, aunque deteniéndonos un poco, habría que reconsiderar con más cuidado cual es la historia que nos es dado conocer, es decir; cual versión de un cierto acontecimiento es la que llega hasta nosotros y cuales son los intereses de quienes nos hacen llegar esa versión.Encontrar la verdad histórica resulta a veces poco menos que imposible, sobre todo por la subjetividad de los testimonios de quienes vivieron, narraron o documentaron los hechos, como en su tiempo lo confirmó Sir Walter Raleigh, al intentar escribir su “Historia del Mundo”. A veces la vertiginosa sucesión de los hechos, termina en una enredada maraña histórica donde es frecuente encontrar que quien un día fue considerado héroe, muere luego traidor, como le sucediera al propio tabacalero inglés.Pero sin tener que ir hasta la Inglaterra isabelina, en nuestro querido y surrealista México, tenemos sobrados ejemplos de la deformación, mutilación o manipulación histórica. Tomemos por caso algunos datos de lo sucedido en la revolución y por estos mismos días de febrero pero de 1913, en la llamada Decena Trágica.La tan cacareada (por políticos de uñas manicuradas) revolución mexicana, se inició en noviembre de 1910 contra el tirano Porfirio Díaz, hasta entonces llamado el héroe del 2 de Abril, quien abandonó el país solo 7 meses después, en Junio de 1911, mientras nuestros héroes revolucionarios siguieron matándose unos a otros hasta 1928, en un sangriento “quítate tu para ponerme yo”.Durante la decena aciaga, la traición a Madero  se multiplicó entre los militares, considerándose a Manuel Mondragón como el responsable de la muerte de los hermanos Madero y de Pino Suárez, el mismo Mondragón que antes había  sido galardonado por sus contribuciones al diseño y mejora de las armas mexicanas.El propio Madero fue denostado por quienes antes lo apoyaban, en ese tan  ignominioso pero tristemente frecuente comportamiento humano, que se oculta luego en los entretelones de la historia. 


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