DESDE MI RINCON

¿Para eso estarán diseñados?

Por uno de esos impulsos equívocos qué, a veces nos hacen tomar decisiones contra la sensatez nacida de la experiencia, llegué a uno de esos talleres mecánicos que por su nombre y diseño parecen ser copias al carbón de modelos gringos: Orden; limpieza; atención; salita con diarios y revistas; buena iluminación y hasta cafecito para hacer mas amable la espera del cliente, son elementos mercadotécnicos con los que dichos prestadores de servicios han logrado desplazar no solo al grasiento “maistro tuercas”, sino también a muchos buenos talleres atendidos por sus propietarios, que no pudieron competir contra las franquicias y su moderno concepto de “servicio al cliente”.El problema que me llevó ahí, olvidando inexplicablemente el buen servicio y trato que he recibido de mi taller acostumbrado, fue una pequeña fuga de gasolina en una manguera. El encargado se apersonó diligente en mi ventana y al explicarle el asunto, llamó a un joven mecánico quien raudo y veloz se asomó al lugar del goteo y con voz firme, segura y sin titubeos diagnosticó: “mangueras, filtro y limpieza de inyectores”.Aunque nunca fui un mecánico práctico, mis aventuras automotrices juveniles me dieron algunas bases, por lo que mi reacción fue de coraje ante lo que consideré no solo un abuso, sino además un flagrante insulto a mi condición masculina, al sentirme equiparado a esas señoras que por su ignorancia crasa en temas mecánicos, terminan pagando lo que se les dice, pero eso sí, en la salita y con el cafecito.Con mi orgullo machista herido, le dije al empleado que se concretara a darme un presupuesto del cambio de mangueras, a lo que respondió secamente dándome un valor equis, ahora  con una actitud diametralmente opuesta. Agradecí y me retiré recriminándome a mi mismo con la típica frase: “pero si ya sabes…”.Nada hay de nuevo en esto. Mecánicos, radiotécnicos, despachadores y hasta médicos y otros profesionistas practican hoy una deshonestidad rampante, lo que llama la atención, es el descaro con el que lo hacen. Tal parece que así como el NatGeo califica a algunos animales como “diseñados para matar”, estos otros están diseñados para robar. 


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