DESDE MI RINCON

El diablo no duerme

“El diablo no duerme”, decía la abuelita, justificando con esa sentencia los cuidados que prodigaba a sus nietas de una manera que parecía desproporcionada a los ojos adolescentes de ellas. De forma obvia, la frase alude a esa faceta qué, particularmente en la adolescencia aunque no únicamente durante ella, nos impulsa a cometer toda clase de imprudencias y forma parte ineludible  de nuestra condición humana, sobre todo en una etapa en la que la “madre naturaleza”, complota con las hormonas para salirse con la suya en su arcaico objetivo de preservar la especie.

Seguramente la suspicaz abuelita, habría en su momento escuchado y se habría sublevado ante la misma frase surgida de los labios de su madre, y ésta a su vez de la suya, y así hasta un remoto pasado, en el que a alguien se le ocurrió sintetizar en unas pocas palabras el fruto de su observación y su experiencia, con el propósito en su caso, de preservar ya no la especie, sino la calidad de vida de sus seres queridos.

La existencia y uso de frases inteligentes conocidas como “refranes” o “frases celebres”, representan un arsenal muy útil que transmitido con frecuencia en forma oral, nos provee de la “sabiduría” necesaria para manejar y enfrentar los numerosos escollos que tiene el pedregoso camino de la vida. Las hay para todas las situaciones y temas, destacándose algunas ya sea por el prestigio de quien las dijo, o por la sensatez y sentido de verdad que encierran.

Hablando de gobierno  y de  políticos dijo Mauriac: “Los hombres de Estado son como los cirujanos: sus errores son mortales.”; y Confucio por su parte afirmó: “¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?”; mientras que Ciro sostenía que: No es digno de mandar a otros hombres aquel que no es mejor que ellos.”

El diablo no duerme decía la abuelita, aplicando la frase a lo que era importante para ella en su momento y en su vida. Hoy como nunca, nos conviene entender que el diablo no solo no duerme, sino que en política está cada vez más despierto y suele disfrazarse de cordero, por lo que hay que vigilarlo bien no importa si su color es rojo, azul, verde o amarillo. 


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