DESDE MI RINCON

La curiosidad, juventud del espíritu

“El tesoro de la Juventud” fue en su tiempo, (1920- 197_) una de las enciclopedias infantiles mas gustadas y exitosas, esto,  a pesar de su innegable condición hiper-púdica propia de la época, (se dice que en sus siete mil y tantas páginas no aparecía la palabra “sexo”), así como por el uso de algunos vocablos que hoy pudieran sonar discriminatorios, pero que en su momento eran parte del léxico usual.Con sus veinte tomos verdes, era algo casi indispensable en las  bibliotecas familiares, donde  varias generaciones enriquecimos el conocimiento y nutrimos la imaginación, binomio mágico éste, donde la curiosidad natural del niño juega un papel determinante en la formación intelectual del hombre (ántropos), y consecuentemente en su cosmovisión y su desempeño social.Con  sus catorce secciones y provisto de espectaculares láminas y en ese entonces sorprendentes fotografías, era para el niño una invitación irresistible a descubrir otros tantos mundos, como el de la literatura universal en “Historia de los Libros Celebres; la ficción del cuento en “Narraciones Interesantes”; la geografía en “Los países y sus costumbres”; la ciencia en “Cosas que debemos saber” o la sensibilidad y el arte en “El libro de la Poesía”. Entre esas secciones, una era de mi particular gusto y preferencia: “El Libro de los porqué”, que intentaba responder con respuestas sencillas, a preguntas en apariencia simples, como: ¿Por qué el agua y el aceite no se mezclan? o ¿Por qué las nubes se deshacen? Preguntas propias de la curiosa mente infantil, que revelan no solo el hambre de conocimiento, sino también la necesidad de comprensión del universo que nos rodea.Hoy, en un mundo cada vez más incomprensible paradójicamente la curiosidad escasea. El ¿para qué me $irve? es mas frecuente que el ¿por qué sucede? Lo lamentable es qué, dada la ineludible condición trágica de la vida, aunque se diga lo contrario, de la ignorancia suele devenir la  angustia.En su prólogo, dice Unamuno: «…un libro acerca de todo para todos y singularmente para los jóvenes de espíritu, para aquellos que conservan fresca y vivaz la curiosidad, que es la juventud del espíritu”.