DESDE MI RINCON

La cueva de Ali Babá

Decía el escritor francés Francoise de La Rochefoucauld: “El medio mas fácil para ser engañado es creerse mas listo que los demás”, y aunque eso no es el único factor que favorece al engaño, si juega un papel importante en la vieja práctica humana de defraudar a otros mediante la trampa y la mentira, sobre todo en este mundo actual, donde la humildad como valor esta ausente y el narciso humano tan de moda, fácil tiende a sobrevalorar sus capacidades físicas y mentales.

El engaño es parte consustancial no solo de nuestra  especie. Aves, reptiles, peces y aún algunos vegetales como las llamadas flores carnívoras, utilizan el engaño para facilitar la captura de sus presas y así poder sobrevivir.

Pero igual que sucede con otras formas de conducta, en el caso del hombre ésta suele deformarse al aparecer la perversidad, que hace un gusto del matar por matar y un insano placer del engañar como una reafirmación de la auto-imagen, con la admiración disimulada pero implícita de una sociedad que sintetiza su cinismo y carencia de valores, con aquello de: “el que tiene mas saliva traga mas pinole”.

A este tergiversado entendimiento de la habilidad y la honestidad, vino a sumarse un nuevo espacio, la Internet, en donde el anonimato permite mentir y engañar a placer, dada la incipiente o inexistente reglamentación legal que lo controle, situación que garantiza una impunidad segura a toda clase de pillos que ahí pululan.Sabemos que existe el engaño y sin embargo seguimos siendo engañados.

Publicidad trucada, letra chiquita en los contratos, propaganda política, infidelidad, deslealtad etc. son muestra de ello. ¿Será qué?, vemos el mundo como queremos y no como realmente es, como afirma la investigadora neurocientífica Susana Martinez Conde, en su ensayo: “Los engaños de la mente” (Ed. Destino 2013).

Más allá del mal que nos hace el ser o sentirnos  engañados, está el daño irreversible que significa perder la confianza, lo  que a la larga permea a otros ámbitos de la vida, haciéndonos sentir que el mundo en el que  vivimos es la cueva de Alí Babá, que sus ladrones están por todos lados y son muchísimos mas que cuarenta. 


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