DESDE MI RINCON

Los dos consejos de Delfos

A diferencia de los tiempos que hoy vivimos, en la Grecia antigua la inquietud por “ser”  era igual o mayor que la preocupación por “tener”. Así, la sentencia que aparecía en el frontón del templo de Apolo en la ciudad de Delfos, exhortaba a la introspección mediante la muy conocida pero poco atendida, y aún menos entendida frase: “Conócete a ti mismo”.El camino del auto-conocimiento  puede resultar un proceso difícil, doloroso e incluso incómodo por decir lo menos. Pudiera compararse con la mítica transmutación alquímica de los metales, en la que éstos se oscurecen en la etapa llamada “melanosis”, para  después aclararse (leucosis) y finalmente (en la hipótesis alquímica) convertirse en oro (xantosis).Descubrir que no somos lo que creemos ser, implica dos condiciones: la voluntad de querer explorar la parte oculta de nuestra personalidad y la honestidad necesaria para comprender y aceptar lo que encontremos. Y es que durante los primeros años de nuestra existencia, vivimos una serie de experiencias que se instalan como “verdades” en nuestra psique, sin que nuestra mente inmadura tenga oportunidad de filtrarlas. Darnos cuenta del porque somos y actuamos de tal manera, a diferencia del sueño alquímico puede ayudarnos a rescatar la parte áurea de nuestra persona,  tomando así control de nuestras vidas con razonamientos, convicciones y principios propios, esto es, ser libres.Había también grabada en Delfos otra frase menos difundida pero no menos importante, un pensamiento que incluso pudiera  considerarse complementario del primero: “Nada en exceso”, concepto que hace suyo Sócrates en sus diálogos con el joven Cármides, en el que pondera la templanza, la prudencia y el auto control como atributos deseables e instrumentos indispensables para contener nuestras peores inclinaciones e impulsos, que  ya previamente identificamos.Tal vez sea el exceso de libertad, el exceso de tecnología, el exceso de comodidad, el exceso de satisfactores, el exceso de sensaciones placenteras, el exceso de lujos y el exceso de desconocimiento de la naturaleza humana, lo que hoy nos esta arrastrando al abismo hacia el que nos dirigimos.