DESDE MI RINCON

Ser ciudadano francés

Lo acontecido el pasado miércoles siete en el semanario satírico francés Charlie Hebdo y en el supermercado Hipercocher, cimbró la opinión mundial, no solo por lo implícitamente trágico del artero asesinato de 16 civiles inermes y de 2 policías, sino porque además, sucede en una ciudad que internacionalmente es considerada como señera de los derechos humanos, así como de las artes y la belleza. Ambos sitios están ubicados  en el este de París, el primero en el 11 arrondissment muy cerca de la Plaza de la República, donde la escultura de Marianne, símbolo maternal de la Republica Francesa,  sostiene en su mano derecha un ramo de olivos, símbolo de la paz y se cubre con el alegórico gorro frigio de la libertad. En compañía de las  estatuas de la Libertad, La Igualdad y La Fraternidad a sus pies, conforman un conjunto altamente significativo para el republicanismo francés.Las reacciones no se hicieron esperar, destacando entre ellas, la generación de un sentimiento de identificación solidaria sintetizado en la frase “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie), que rápidamente se convirtió en el lema de un movimiento global al que se sumaron millones de personas, sobre todo en los países europeos que resienten el impacto de la inmigración musulmana.No es sencillo dar una acertada interpretación al suceso y sobre todo, a sus alcances y consecuencias por los diversos  factores que involucra y que se verán afectados: migratorios, políticos, religiosos, económicos, culturales, turísticos, etc. Ya en los siguientes días, organizaciones europeas de extrema derecha, como el Frente Nacional francés y el Pegida alemán   (europeos patrióticos contra la islamización de occidente) reivindicaron su intolerancia migratoria acusando de excesiva permisividad a sus respectivos gobiernos.De los cuatro principales factores xenofóbicos (raza, idioma  costumbres y religión) los dos últimos son los mas difíciles de superar dice Giovanni Sartori. En un mundo ideal, ser ciudadano francés es llevar el sentido del respeto cívico y la libertad en la médula, y no, por haber  conseguido un documento de ciudadanía o haber nacido en el suelo de La Francia. 


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