DESDE MI RINCON

El chip de lo que “debemos ser”

Hace tiempo y en esta misma columna, guardadas las debidas proporciones  comparaba yo la duración de la vida humana con la vida útil de un foco eléctrico, el símil tenía la intención de tomar conciencia sobre la finitud de nuestra vida, algo que suele pasarnos desapercibido durante la mayor parte de la existencia y de lo que solo empezamos a darnos cuenta cuando ya hemos “gastado” una buena parte de ella.¿Gastado?, sí, porque el tiempo es una de las pocas cosas irrecuperables  en la vida, y tomar conciencia de cómo lo gastamos, implica dejar de vivir “en automático” y percibir con claridad lo que significa “estar vivo”.

Algo que  de primera intención, puede parecer por demás obvio por el simple hecho de saber que podemos escuchar, oler, sentir, saborear y respirar,  y sin embargo; ¿cuantas veces usamos nuestros sentidos percatándonos plenamente de ello?, o bien, cuantas veces apreciamos que el mesero, el cartero, el dependiente o la secretaria que nos atiende, no es solo el  sustantivo común con el que lo llamamos, sino un ser humano que como todos, tiene una historia llena de recuerdos, esperanzas, ilusiones y claro, también frustraciones.

Por otra parte, nos demos cuenta o no, el hecho absurdo de saber que debemos luchar por conservar una vida que antes o después  hemos de perder, hace que nos inventemos un sentido para vivirla, un propósito para seguir luchando,  una misión, un deber ser.

Ese sentido de lo que debe ser nuestra vida se nos “instala” en la mente como un programa, como un “chip” y desde ese momento todos nuestros actos quedan relacionados con esa idea de lo que “debemos ser”.Pero la vida es con frecuencia una aventura impredecible y a veces, las circunstancias hacen que reconsideremos  si el chip que ayer nos instalamos, es en realidad el que queremos para vivir los mañanas que nos quedan.  

Es entonces cuando el circuito integrado nos recuerda furiosamente lo que “debemos ser”, ¡no se vale ser de otra manera! nos dice, pero en alguna parte de nuestra conciencia, hay otra voz que nos aconseja que cambiemos de chip.

Entre esas dos voces esta nuestra felicidad, nuestra conformidad o nuestra tristeza. 


lamontfort@yahoo.com