DESDE MI RINCON

Un buen fin muy personal

Decidido a no sucumbir ante los embates de la publicidad, pensaba en cómo utilizar el tiempo del fin de semana que, alargado con el pretexto del aniversario de la revolución, se aprovecha por el comercio organizado para promover la venta de toda clase de productos y servicios. Hacía ya varios días que una vaga sensación de desasosiego me generaba una inquietud que se incrementaba gradualmente, hasta que la desazón se  manifestó con una ligera opresión en la boca del estómago y se identificó, se trataba de una  vieja conocida mía: la angustia.Sin proponérmelo, recordé unos apuntes qué escritos seguramente por la mano de mi padre, encontré alguna vez entre las hojas de  un viejo libro de contenido psicológico, en los que se describía  a la angustia como “la reacción ante una situación peligrosa”. No tuve que hurgar mucho en busca de alguna; reconozcámoslo o no, la estabilidad del país y por ende de nuestro futuro esta en juego por estos días. Existen oscuras amenazas conocidas y desconocidas que inevitablemente  percibimos, y qué,  aunque quisiéramos ignorarlas, de algún modo se anidan y permanecen en nuestro inconsciente.El texto citaba que racionalizar la angustia es un posible recurso para escapar de ella, convirtiendo así lo indeterminado en un temor racional con el que podamos lidiar. Agradeciendo el transtemporal consejo paterno y aprovechando el asueto dominical, me dispuse a racionalizar mi ansiedad en un entorno amable, por lo que decidí, como un buen fin,  gastar un par de horas en un pequeño y solitario parque.Una vez ahí, respirando profusa y pausadamente el oxigenado aire que en el entorno inmediato me regalaban una verde y frondosa lila, un ostentoso fresno y un deslavado y añoso pinabete, la relajante calma que yo buscaba se hizo presente, mientras un somnoliento perro callejero cambiaba parsimoniosamente su ubicación buscando el calor del sol.Escuchaba el lenguaje de los árboles que surge del viento que corre entre sus ramas, cuando un estridente bocinazo me sacó de mi ensueño. La conocida mentada de los cinco toques de un lejano conductor airado, me recordó que mi buen fin, había llegado a su fin. 


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