DESDE MI RINCON

Las aves del Vaticano

El pasado 26 enero, luego de que el Papa Francisco hiciera un llamado a la paz en la convulsionada Ucrania y ante miles de espectadores, dos palomas blancas fueron atacadas por un cuervo y una gaviota, segundos después de haber sido liberadas por dos niños que acompañaban al Pontífice. El suceso pareció como si las otras aves estuvieran acechando la aparición de las palomas para atacarlas y los medios no informaron, si finalmente sus cerebros  fueron devorados, como suele suceder entre las aves por ser éstos una fuente importante de calorías.
Las especulaciones no se hicieron esperar, particularmente entre los pitonisos que gustan de interpretar actos comunes como pronósticos de catástrofes. No faltó también quien recordara que durante el conclave una gaviota se posó en la chimenea previo a la elección de Francisco I, aunque casi nadie comentó que con Benedicto XVI, sucedió algo parecido poco antes de su renuncia.
Tal parece que todavía en este tan tecnológico siglo XXI, conservamos el supersticioso atavismo de percibir a los animales como símbolos que representan la lucha entre el bien y el mal. Quizás porque desde los tiempos más remotos, vivimos con un montón de dudas e incertidumbres que nos han hecho inventar infinidad de técnicas adivinatorias o “mancias”, tales como la quiromancia; hidromancia; cartomancia; cafetomancia o como en este caso: la ornitomancia.
Así, cada cultura ha desarrollado una diferente versión simbólica de las mismas aves, en Japón el cuervo es mensajero divino y símbolo de victoria, mientras que en la  India, es mensajero de la muerte y en el Génesis, es símbolo de perspicacia. La paloma entre las aves bíblicas es símbolo de paz y representa al  Espíritu Santo. Por su parte la gaviota simboliza para algunos la amistad y la sabiduría por poder ver por encima de las situaciones o bien el alma de un marinero muerto.
Más allá de lo mitológico, lo cierto es que la bondad y la maldad cohabitan en el corazón del hombre y no en el de las aves, esto lo sabe muy bien Francisco y más le preocupa lo que sucede de las ventanas del Vaticano hacia adentro, que  lo que pasa entre los pájaros.


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