DESDE MI RINCON

Shadenfreude contra Karuna

No, no es a un encuentro de la Lucha libre triple AAA, o a un partido de fútbol de la Liga Europea, a lo que en parte se refiere el título que precede estas líneas, es a algo perverso que hay en la complejidad del alma humana, que  hace que algunas personas se regocijen con la infelicidad o el dolor ajeno. Para este sentimiento, ruin, pero más común y frecuente de lo que nos gustaría aceptarlo, existe un término de origen alemán qué, con esto de la globalización ha emigrado a otras lenguas: Shadenfreude.Quizás el término “regodearse”, definido por la RAE como el acto de “Complacerse maliciosamente con un percance, apuro, etc., que le ocurre a otra persona”, sea lo mas cercano al vocablo sajón, y antes de calificarlas como exageraciones o condiciones exclusivas de mentes enfermas, es pertinente precisar que si estas palabras existen, es porque existen los sentimientos que ellas indican, aunque a veces éstos sentimientos adquieran formas atenuadas qué, sin llegar a la patología, usualmente enmascaramos ante los demás e incluso ante nosotros mismos, porque no es del gusto humano reconocer las propias fallas y debilidades.Nunca se percibe tanto la vida como ante la presencia del difunto, es una reflexión que en mas de una ocasión me he hecho, al presenciar la actitud eufórica de algunos quienes asisten a un velorio, o bien, al ponderar el valor del buen estado de salud, después de visitar un hospital en el que se viven y perciben  todas las formas del dolor humano.Por fortuna todo lo malo en esta vida tiene su contrapartida, y ahora si, como si de un partido o una lucha se tratara, también en el alma humana  habita, cuando menos en embrión,  un sentimiento noble que es la compasión, pero no como una reacción emocional de conmiseración o lástima, sino como  una expresión de amor, que el budismo mahayana considera al mismo nivel de la sabiduría y conoce como “Karuna”, que junto con “Metta” (tierna amabilidad); Upekkha (ecuanimidad) y “Mudita” (alegría solidaria), constituyen las cuatro moradas espirituales del budismo. Como siempre, lo que gana en esta lucha interior, es aquello que alimentamos más. 


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