DESDE MI RINCON

Sabor a mí

El pasado día dos, se recordó entre quienes gustan de la música romántica, el natalicio del compositor mexicano Álvaro Carrillo. Nada mas merecido, pues sus canciones formaron parte de los sueños y embelesos amorosos de varias generaciones: Cancionero; El Andariego;  Dos Horas; La Mentira; Luz de Luna; Sabrá Dios; Seguiré mi Viaje y Un Minuto de Amor, fueron entre otras muchas de su autoría, composiciones que atravesando cristales y cortinas acariciaron el oído de innúmeras otrora jóvenes, mientras mas allá de la reja, el galán se esforzaba (casi siempre con el auxilio de algún elixir etílico),  en elegir las letras que mejor cuadraran con sus anhelos, al tiempo que impacientemente, esperaba la consabida  luz reveladora que indicara que la amada  correspondía a sus sentimientos (a veces por femenina estrategia retrasada).
Cosas y costumbres que el tiempo se llevó, pero que perduran en el recuerdo de muchos y reviven en el corazón de otros, pues el amor siempre necesitará de la palabra para expresarse y de la música para cantarse.
Pero fue Sabor a mí, la obra con la que tuvo más éxito y le dio a Carrillo renombre internacional. Traducida a varios idiomas, llegó a cantarse aún en Japón con la interpretación de Yoshhiro Hiroishi, prueba indiscutible de que la enfermedad de Eros, genera los mismos trastornos en todas las personas sin distinguir etnia ni posición social.
Ciertamente el Ingeniero Carrillo estaba pensando en una mujer cuando compuso Sabor a mí. Cuando dice “disfrutamos”, no pudo haber encontrado otra palabra que describa mejor la sensación de quien goza de un amor correspondido, disfrutar es saborear el fruto y eso solo se da cuando se cree encontrar el alma gemela que al “acercarse tanto así”, permite la plena simbiosis de olores, sabores y placeres en los amantes.
Pero abusando de cierta licencia literaria, podríamos decir que como en Sabor a mí,  el sabor del talento y la inspiración de Álvaro Carrillo, permeó mas allá de las musas que inspiraran sus canciones, para enriquecer nuestro acervo musical romántico y acrecentar ese precioso tesoro que emocionalmente nos retrata: el cancionero mexicano.


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