DESDE MI RINCON

Oro, incienso y mirra

El concepto de epifanía es entendido como una manifestación o revelación de una divinidad a los hombres, y la epifanía más conocida en la iglesia cristiana, suele ser la presentación de Jesús ante los sabios llamados reyes magos, que llegaron de oriente para reconocerlo y adorarlo con oro, incienso y mirra, significando el oro la realeza del niño, que provenía de la casa del Rey David; el incienso por la divinidad, dado que con esa resina se adoraba a los dioses;  y la mirra, que conforme a las antiguas tradiciones se usaba en los ritos funerarios para embalsamar a los muertos, que en el  caso de Jesús, representaba su futura pasión, muerte y perpetuación.

El simbolismo no termina ahí, los orígenes de los sabios constituyen los continentes del mundo entonces conocido, mientras que sus edades representan las etapas de juventud, madurez y vejez del hombre y de todas las cosas en la vida.

Pero por encima de todos estos significados prevalece uno que es el principal y que confirma la buena noticia dada previamente en el tiempo de adviento, la llegada de la luz del amor sobre la tierra encarnada en la figura de Jesús.

Así, la epifanía representada como una revelación del amor en su sentido más amplio, es un concepto que no puede ser entendido por la ciencia, es un acto de fe que solo se entiende y se vive en el contexto de una mística que rebasa la explicación científica.

El ser humano vive a través de sus etapas  un proceso constante de desarrollo de su calidad humana, como en el oro, su realeza consiste en su nobleza y en el caso del hombre, en  su condición de ser perfectible, condición que nos permite creer que el mundo pueda tener un mejor mañana.

La experiencia sensorial del incienso, facilita el reconocimiento de la existencia de un poder superior creador, en el que de manera racional o intuitiva, todos distinguimos la diferencia entre el bien y el mal.

La mirra es en esta simbología, el elemento más intrigante, toda vez que cabe pensar que desde el momento de la adoración del niño, los sabios ya sabían cuál sería su destino. Porque amar es estar expuesto al dolor y en ocasiones hay que morir para poder resucitar. 



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