DESDE MI RINCON

Mejor por fuera y por dentro

La Sala de la Signatura en el Palacio Apostólico del Vaticano, contiene algunos de los frescos mas famosos de Rafael, uno de ellos, representa a las llamadas Virtudes Cardinales, donde La Fortaleza, La Prudencia y La Templanza, coronan dos interesantes escenas mas abajo, a la izquierda la “Entrega de las Pandectas”, una importante recopilación del antiguo Derecho Romano encargada por Justiniano (527-565) que sirvió de base al derecho moderno. Con la “Entrega de las Decretales de Gregorio IX” al otro lado, representan el ejercicio de La Justicia, la cuarta virtud que es representada arriba en la bóveda.
Ya desde la antigüedad los griegos conceptuaban “la areté”, como la excelencia en el pensar, el hablar y el actuar, reconociendo la condición de excelencia ciudadana, a quien obraba con valentía, moderación y justicia. Mas tarde, Platón añadiría la prudencia con lo que se fincó el origen de las cuatro virtudes cardinales actuales.
Más allá de las consideraciones platónicas, religiosas o la interpretación de Rafael, creo que sin prescindir de ninguna, la templanza es en nuestros días una cualidad que debemos trabajar seriamente como parte de nuestro desarrollo personal.
La templanza es el dominio de la voluntad sobre las emociones, el término deviene del latín “temperantia”, que alude a un equilibrio de temperatura entre lo frió y lo cálido, una moderación o armonía interna que puede también entenderse como ecuanimidad, es decir, “con el alma estable”.
Es justamente esa estabilidad anímica la que naufraga en el fango de la soberbia, la ira, la pereza, la avaricia, la lujuria y todos los defectos que nos caracterizan a los humanos.
De entre ellos, la soberbia a veces enmascarada de dignidad, con frecuencia nos hace comportarnos de manera intolerante hacia los demás, olvidando que la persona que en un momento dado consideramos como irritante e intransigente, es solo otro ser humano con sus propios problemas y limitantes, y que en otro momento puede ser alguien capaz, amable y afectuoso.
La tolerancia a la frustración, es sinónimo de inteligencia emocional, fortalecerla hace mejor nuestra vida, por fuera y por dentro.


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