DESDE MI RINCON

Internet y la cueva de Alí Babá

A principios del siglo XVIII, el políglota francés Antoine Galland, presentó la primera traducción de una compilación de antiguos cuentos de aventuras del medio oriente, cuya fuente original era el libro persa (hoy sería iraní): “Házar afsaná” (Mil Leyendas). Galland lo presentó con el titulo que hasta la fecha conocemos como “Las mil y una Noches”, relato de una misoginia desbordada plagado de asesinatos, adulterios, envidias y engaños de todo tipo, enmarcados en la ficticia múlti-narración de Scherezada, personaje central que logra evitar ser decapitada por su esposo el Sultán, (quien mataba a sus esposas después de la primera noche) mediante el recurso de hilvanar un cuento con otro hasta completar mil y una noches y tener dos hijos de él.Algunos de los cuentos de la obra, como: “Simbad el Marino”, “Aladino y la Lámpara maravillosa” o “La Cueva de Ali Babá y los Cuarenta ladrones”, han sido llevados al cine en varias versiones, siendo también   materia de diversos estudios por parte de quienes quieren encontrar significados simbólicos entre sus líneas.Por mi parte no puedo dejar de relacionar el último cuento antes mencionado, con el ámbito de la Internet y sus distintas derivaciones y aplicaciones, en el que según dicen, ya  desde su misma creación han estado presentes el robo y el engaño entre algunos de sus creadores, no siendo extraño entonces, que mucho de lo que gira alrededor de ese mundo anónimo esté plagado de piratería, trampas y embaucadores de toda clase, que medran impunemente resguardados por ese anonimato.Sería desatinado pretender en estas líneas, descalificar la utilidad de una herramienta de comunicación tan manifiestamente importante como lo es Internet, pero sí cabe señalar qué, como sucede con cualquier  herramienta, puede también  volverse un arma en contra de quien la utiliza cuando se desconoce o se descontrola  su uso.Pérdida de privacidad, desorientación por falsa información, pérdida de tiempo, ciberbullyng, o pérdida del sentido de la realidad, son solo algunos de sus riesgos, sin contar a los ladrones que por ahí pululan y que son muchos más de los cuarenta de Alí Babá.  


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