DESDE MI RINCON

Hubris

Enfundado en su uniforme oscuro con las infalibles insignias, hebillas y arreos de cuero, el joven de unos escasos diecisiete o dieciocho años,   se plantó frente a mi auto con la palma de su mano extendida, ademán que en algunas  culturas significa “paz”, pero que en este caso era un inconfundible “alto”. En su brazo izquierdo un brazalete con las letras “PM”, me hizo suponer significaba alguna función de mando dentro de la organización privada militarizada a la que pertenecía, según me di cuenta al ver a otros jóvenes con uniforme similar que  marchaban ordenadamente por la avenida.Algo en el gesto  autoritario del muchacho llamó mi atención, pues sin ser día de desfile ni tener autoridad oficial alguna, su actitud denotaba una firme convicción de su derecho a detener el tráfico vehicular. Mi impresión se reforzó cuando al terminar de pasar sus compañeros, simplemente se retiró sin expresar forma alguna de agradecimiento.Guardadas las proporciones, el episodio me hizo recordar el famoso experimento del Dr. Philip Zimbardo, de la “cárcel” simulada en la Universidad de Stanford, en donde se concluyó; cómo el poder de un ser humano sobre otro puede  trastornar su percepción de la realidad, despertándose a veces la actitud abusiva  en el individuo por el simple hecho de vestir  un uniforme.Ya metido en esta línea de ideas, inevitablemente  pensé en  “Hubris”, término griego traducido como “desmesura”, que se aplicaba a quienes retaban a los dioses y con el que algunos psicólogos definen el trastorno de inflación del ego, particularmente de quienes detentan un puesto de poder o han alcanzado alguna forma de éxito, y donde algunos signos relevantes son: Creer poseer dones especiales, protagonismo inevitable  y sentir vivir según principios morales superiores. Némesis era la diosa de la venganza, la justicia equitativa  y el equilibrio, encargada del castigo de regresar abruptamente  a su condición original,  a quienes ebrios de poder padecían hubris.En este mundo con tantos enfermos de hubris, me pregunto en donde andará Némesis, porque desventuradamente, somos otros muchos los que pagamos la hubris de unos cuantos. 


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