DESDE MI RINCON

Hoffer y la partidocracia mexicana

Es interesante recordar lo que el escritor y pensador norteamericano Eric Hoffer plantea en su obra “The true Believer” (El verdadero creyente), publicada en 1951 pero vigente en muchos de sus conceptos sobre los llamados “movimientos de masas”, entendidos éstos como movimientos sociales en los qué, las personas asumen un comportamiento de rebaño, en donde los impulsos sustituyen a la inteligencia, generalmente según Hoffer, como resultado de una baja autoestima individual y colectiva. El trabajo de Hoffer cobra hoy relevante actualidad, no solo porque en él desenmascara el fanatismo y la hipocresía abordando temas políticos o religiosos como los del Islam y el Cristianismo, sino también por los tiempos electorales que ominosamente se nos avecinan en nuestro país.Para junio de este 2015, se elegirán 500 diputados federales (200 pluris); 9 gobernadores; 903 presidentes municipales y 639 diputados locales, en lo que algunos quieren llamar una “fiesta democrática”, que sí lo sería, si no fuera porque  en la mente de los electores, de manera mas que justificada, es el desprestigio y la duda la principal característica que despiertan la mayoría de los políticos mexicanos y sus partidos.Ominosamente digo, porque durante los cinco meses previos a las elecciones, en su desaforada lucha por el poder, candidatos y partidos nos saturarán con propaganda de todo tipo, contaminando los espacios públicos y los de los medios de comunicación, en donde se repetirán hasta la nausea, mensajes improvisados por aprendices de mercadeo con lemas absurdos, e incluso coprolálicos  como los de Nueva Alianza,  así como con  discursos que ni ellos ni nadie cree, pero que justifican la existencia del partido y la dilapidación de cuantiosos recursos, salidos de nuestros bolsillos y asignados para ello, todo con la consabida desviación de fondos debidamente “comprobables”.“La propaganda no engaña a la gente, sino que simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos”, dice el mismo Hoffer, una frase que nos hace preguntarnos: ¿hasta cuando y hasta donde podremos seguir auto-engañándonos en el círculo vicioso y  perverso de la partidocracia? 


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