DESDE MI RINCON

Gaza, aunque sus hermanos se opongan

Las declaraciones del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu respecto de que Israel debe prepararse para sostener una guerra de largo plazo en la Franja de Gaza, preocupan con justificada razón a todas las naciones del mundo, pues el conflicto podría  involucrar  fácilmente a otros países árabes, qué con un trasfondo islámico pudieran solidarizarse con los palestinos asentados en dicho territorio.Las palabras de Netanyahu, revelan no solo la firme decisión que ha caracterizado a los israelíes de defender a cualquier costo a su población y  su territorio desde que les fue concedido en 1948, sino algo más, algo que en este caso complica sobremanera el asunto, ya que ambas partes, árabes y judíos, tienen la sólida convicción de tener derecho a esas tierras por designio divino.No es fácil entender la naturaleza histórico-religiosa del problema. Palestina es un territorio que ha sido ocupado por hebreos, filisteos, asirios, babilonios, persas, griegos, judíos (expulsados en 135 d.C.), romanos, turcos, sirios,  cruzados europeos, egipcios y finalmente británicos en 1920, para luego en 1994 ser creado en una parte del territorio el Estado de Palestina, conformado por  Cisjordania y la conflictiva franja con fronteras reconocidas por algunos países de la ONU pero no por Israel.Conforme a la Biblia, pudiera decirse que la discordia se remonta a la friolera de hace 4000 años, cuando por un lado Abraham engendra con la egipcia Agar a Ismael, raíz de las doce tribus ismaelitas (árabes) y por el otro con Sahra a Isaac, padre de Jacob, llamado luego Israel y raíz de las doce tribus de Israel (judíos). Abraham vivió y murió en Hebrón, a escasos 50 kilómetros de Gaza y a su nieto Israel, Jehová le confirmo la posesión de sus tierras como lo había hecho antes con su abuelo y su padre Isaac.Por su parte, Ismael (al que dios escucha)  fue rescatado por un ángel de Jehová, diciéndole a Agar: “de él saldrá una gran nación” (Gen 21,18) habiéndole antes dicho durante su embarazo: “será arisco como un potro salvaje, luchará contra todos y todos contra él, pero él afirmará su casa aunque sus hermanos se opongan” (Gen 16,12)