DESDE MI RINCON

Ethos Anthropos Daimon

A sabiendas de que las siguientes líneas tal vez me metan “entre las patas de los caballos”, por abordar un tema que por derecho pertenece a los profesionales del comportamiento humano, sean estos psicólogos, psiquiatras o algún otro estudioso de la psique, me curo en salud, declarando que el único pasaporte para hacerlo, es el de haber vivido más de sesenta años y mi pasión inherente por observar y reflexionar sobre la conducta propia y la de “los otros”, a lo largo de muchos de esos años.Enrique, uno de esos caballos, suele desde el distante DF señalar y corregir con mesurado rigor académico mis fallas y omisiones, lo que debo decir, provoca en mí sentimientos encontrados entre el orgullo herido y el ego halagado por saberme leído. Vaya pues al hipódromo, mi diletante teoría sobre la conformación de la personalidad humana (que es pleonasmo).Nacemos con rasgos congénitos heredados de nuestros padres, mediante una combinación irrepetible de genes que determinan nuestra forma de ser, forma que se  modifica primeramente al tener que adaptarnos al entorno, convirtiéndose así en lo que llamamos temperamento.Muchas clasificaciones hay de los tipos de temperamentos,  no siendo mi propósito reseñarlas sino apuntar qué,  a medida que crecemos aprendemos a controlar el temperamento al integrar, por obligación o por convicción, ciertas creencias qué, “a prueba y error”, nos permiten convivir con nuestros congéneres de un modo más o menos civilizado. Estas creencias pueden traducirse en actitudes positivas o negativas según sean las circunstancias, pero cada quien  creé,  que le son útiles e indispensables para sobrevivir y su práctica se refuerza según sean los resultados obtenidos. Esas creencias son nuestros valores.La combinación de temperamento y valores, tiene como resultado nuestro carácter, que se forja como en la fragua, a golpes y al rojo vivo, dependiendo su fortaleza de la solidez de los valores en los que creemos y confiamos.“Ethos Anthropos Daimon”, El carácter del hombre es su destino, decía Heráclito de Efeso hace 2500 años, y yo creo que aún hoy, eso aplica tanto para el individuo como para su sociedad. 


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