DESDE MI RINCON

Esclavos de la hormona

Para leer a un filósofo no se necesita ser filosofo, tampoco genio y ni siquiera eso que llaman “una persona culta”, (expresión usada con frecuencia para designar a alguien informado, que no es lo mismo que cultivado). No, para hacerlo basta con tener ganas de aprender sobre uno mismo, y estar dispuesto a gastarse en un libro lo mismo que nos cuesta una cena de tacos.
Más allá de su obvia misoginia, en su brevísimo texto “El amor, las mujeres y la muerte”, Arthur Schopenhauer filósofo del siglo XIX cuyas ideas influyeron en numerosos y grandes autores del siglo XX, nos enseña mucho de nosotros mismos, esto es; retrata claramente el porque en el tema del amor somos como somos y nos comportamos como lo hacemos.
Sostiene que el amor es “la voluntad de la especie” para preservarse como tal, es decir; es la forma que tiene la naturaleza para vencer el egoísmo individualista de cada persona y lograr la aparición de un nuevo ser, asegurando así la supervivencia de la especie.
Recientemente, viendo una de las películas postuladas al Oscar grotescamente saturada hasta el bostezo de escenas sexuales, recordé el texto mencionado, en el que el autor si bien califica al amor como un subterfugio de la naturaleza, también le concede toda la fuerza que tiene “la voluntad de vivir”, expresada mediante la concepción de un ser que nos perpetúa.
Actualmente, la explotación comercial (la psicología al servicio de la mercadotecnia) de este poderoso impulso o instinto, nos ha convertido en una sociedad hiper-sexualizada, con una sobre-valoración de lo sexual. Joseph Campbell en “El poder del mito”, afirma que un mito es como un globo de gas que vamos inflando hasta que nos eleva y perdemos contacto con la realidad, pasando entonces el mito, a considerarse como una verdad.
Tal vez por eso, hoy se utiliza lo sexual para vendernos de todo. Refrescos y bebidas, cigarros, automóviles, ropa, noticias y hasta el pronóstico del clima, prostituyen el cuerpo para captar nuestra atención.
Ciertamente la sensualidad y el erotismo son privilegios humanos que nos hacen la vida más placentera, pero ser esclavos de la hormona, nos “bestializa”.


lamontfort@hotmail.com